Opinion · Estación Término

La eutanasia se ahoga en la Asamblea francesa

Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD)

 

En la Asamblea Nacional francesa se está discutiendo el proyecto de ley sobre el final de la vida. El tema y el ambiente cada vez se enrarecen más. Ha habido un grupo que ha querido introducir aire fresco en el parlamento, pero los partidos mayoritarios han temido al frío y han dejado las ventanas bien cerradas. Ha sido el caso de la proposición de ley de la diputada verde Véronique Massonneau que fue rechazada el 29 de enero.

 

 

Desde la tribuna la diputada habló en lenguaje llano y en directo. “No soy una militante de la eutanasia, mi postura es que la gente pueda elegir. Si quieren al final de su vida una sedación para morir dormidos o bien una eutanasia activa o recurrir al suicidio asistido, encuentro normal que puedan elegir debidamente informados. ¿No es un derecho elemental del paciente?”. Y lo mismo cuando se dirigió a la prensa y justificaba su postura por su origen belga y su experiencia familiar. Reconocía que la ley belga es una buena ley y contaba cómo sus padres se habían beneficiado de la ley: su madre murió en sedación terminal y el padre con un cáncer terminal por eutanasia activa: “murieron tranquilos; era su decisión y sus deseos se cumplieron”.

 

Fueron significativas las palabras de la diputada verde cuando desde la tribuna les animó a los colegas legisladores a estudiar su propuesta de manera natural y directa olvidándose de los fantasmas y de los miedos que van apareciendo en la Asamblea y advirtiendo que la cuestión del final de la vida no es de derechas ni de izquierdas puesto que se trata de respetar la libertad del enfermo. Y no menos significativa fue la repuesta de la ministra de Sanidad al decir: “no se trata de desbaratar sus propuestas sino que no podrían ser concretadas en una postura política o en la expresión de un dogma”. Como se ve en el debate se enfrentaba la naturalidad –a la libertad hay que dejarla libre en cuestiones que pertenecen al mundo íntimo- y el artificio y el amaño consensuado de las posturas políticas.

 

La proposición de ley -avalada por todos los miembros del grupo verde- pretendía respetar la elección de las condiciones de la propia muerte. Era claramente una rebelión contra un proyecto artificial de ley amasado por el socialista Alain Claeys y el diputado de UMP Jean Leonetti. La preocupación en la Asamblea es lograr un consenso de unos y otros y claro el punto de encuentro está siempre en la prudencia y en dejar las cosas más o menos como están. Un diputado socialista intentaba frenar el impulso porque la “propuesta verde va muy lejos o va demasiado rápida” y desde los escaños de UMP se argumentaba que posiblemente el primer ministro pretende “la consagración de nuevo derecho: el derecho a morir dignamente”, en referencia a la Asociación por el Derecho a Morir con dignidad (ADMD). Así las cosas es de esperar que derecha e izquierda en el debate final que se espera para el mes de abril acuerden sentirse satisfechos con un texto producto del parto de los montes: el proyecto de Claeys-Leonetti que da paso a la sedación terminal y concede una fuerza vinculante a las instrucciones previas o testamento vital. En resumen que, mientras con sus prudencias y ambigüedades los partidos mayoritarios se arrogan el poder y el control de la sociedad, Francia seguirá contabilizando eutanasias clandestinas. En palabras de la diputada verde el Instituto Nacional de la Demografía considera que en 2012 hubo en Francia 3.000 eutanasias activas clandestinas.