El desconcierto

Iglesias, Errejón y la mujer del César

A la unidad de Unidos Podemos le ocurre lo que le sucedía a la honestidad de la mujer del César. No sólo tiene que serlo sino  también parecerlo. Es decir, todo lo contrario de lo que demuestran desde hace más de una semana los manifiestos, epístolas, tweets y declaraciones de esta formación política. No es que no estén unidos, lo están y seguirán estando, pero hacen mucho más de lo que pueden para ser vistos como desunidos. Si esto es así, cuando todavía estamos a unos tres meses de la apertura del Congreso de VistaAlegre II, qué no sucederá en febrero. Convocado para la misma fecha que la reunión que va a celebrar el Partido Popular, con la clara intencionalidad de ofrecer un marco programático opuesto al de los populares, puede acabar siendo todo un bumerán para Unidos Podemos si antes no parecen Unidos Podemos.

En el fondo, sucede que un grupo universitario heterogéneo e improvisado, que encauzó el voto de los indignados en Unidos Podemos, aún no se ha integrado en un proyecto coherente con las fuerzas que aglutinaron, ni tampoco ha formulado un discurso que lo cohesione ideológicamente. Con la agravante, además, de una retórica académica alejada de todas las preocupaciones de la misma gente que constituye su base social. El resultado es el batiburrillo teorizante, el bizantinismo ideológico y las apelaciones identitarias de cada corriente de Podemos. Como consecuencia, uno de los principales puntos de discrepancia internos es cómo se vota y quién vota. Porque es bastante obvio que todo problema político no resuelto desemboca siempre, más tarde o temprano, en un problema orgánico.

Salvo el formato de la votación o la fecha de cierre del censo de los inscritos de Podemos, no hay ninguna controversia importante entre Errejón e Iglesias. Hoy por hoy, coinciden táctica y estratégicamente. Están contra Rajoy, estuvieron con un Sánchez libre de Rivera, defienden una alternativa progresista y combinan simultáneamente la presión política desde arriba, tanto en el parlamento como en las instituciones, con la presión social desde abajo, las movilizaciones en la calle, aunque, eso sí, con distinto acento. Del manifiesto suscrito por  Iñigo Errejón, solo se desprende una clara demanda implícita de cuota de poder que ahuyente el temor de la minoría errejonista a verse fagocitada por la amplia mayoría pablista. Dicho de otro modo, ser reconocidos de iure o de facto como una tendencia en el nuevo partido que surja en VistaAlegre II.

Sería una demanda legítima y perfectamente discutible, si no fuera acompañada por una argumentación insostenible, planteada además en la peor coyuntura. Es incoherente intentar separar la votación sobre una política de la votación sobre un político, e insensato plantear la cuestión del voto justo cuando el PP va a celebrar su congreso, sin que sus militantes tengan ese derecho, a la vez que el PSOE ha dado un golpe de estado en Ferraz, destituyendo al secretario general elegido en primarias, e impuesto la prohibición del voto a sus militantes. Nadie podía ignorar que todos los grandes medios de comunicación, en las manos financieras, iban a intentar tapar la ausencia de democracia en el PP y su suspensión en el PSOE, generando una unánime opinión publicada ante la " involución democrática" de Unidos Podemos.

Sería un muy grave error político que todas las corrientes de Unidos Podemos suspendieran su debate, pero no lo sería menor que no tuviesen en cuenta el contexto mediático que lo envuelve, deforma, caricaturiza y envilece. Lo que ya ocurrió en las primarias de Madrid, que perjudicó a Rita Maestre, podría volver a ocurrir a Errejón en VistaAlegre II, viendo hoy las portadas de los grandes diarios. Ni siquiera puede preguntarse, ante tanto elogio envenenado, lo que antaño se preguntaba en las mismas circunstancias el histórico líder del socialismo alemán Bebel, "¿Que he hecho para que me aplaudan?", porque entre el Errejón real y el Errejón mediático cualquier parecido es involuntario y nunca corresponde a la voluntad del líder de Unidos Podemos. Pero, muchas veces, la percepción de la realidad muy poco tiene que ver con la realidad.

Esperemos que quienes tuvieron el instinto político para montar Unidos Podemos, lo tengan para encauzar este imprescindible debate político que no puede ser resuelto tan sólo aritméticamente. Quizás esta experiencia de estos días les sirva de lección sobre cómo, dónde y cuándo discutir evitando ahora los muchos graves errores del largo puente de la Asunción. Imposible hacerlo peor. Ni la fecha, ni el método, ni el lugar han sido los apropiados. Mucho menos cuando la mayoría de la sociedad española necesita una muy potente oposición que haga frente a la sistemática ofensiva de recortes sociales que prepara el Gobierno de Rajoy con la ayuda del ala neoliberal del PSOE. La gente, a la que tanto apelan desde Unidos Podemos, demanda sobre todo una alternativa progresista que pueda barrer a los poderosos de la Moncloa. Menos debate sobre la esencia de Unidos Podemos y más debate sobre la sustancia de Unidos Podemos.