Opinión · El desconcierto

El ensimismamiento de Podemos

Una escena de ¡Viva Zapata! viene como el guante a las manos de Errejón e Iglesias. Es aquella secuencia en la que un dirigente campesino, tras presentar una reivindicación al gobierno revolucionario mexicano, ve marcado su nombre con una cruz por el lápiz de Emiliano Zapata. En ese momento Zapata recuerda una imagen idéntica protagonizada por él como líder del  mismo campesinado, y fue señalado por el dictador Porfirio Díaz. Es justo entonces cuando presenta su dimisión como gobernante. Viene a cuento esta película de Elia Kazan por cuanto, por vez primera desde aquel 15-M, una ampia movilización social se desarrolla en Andalucía, sobre todo en Granada, Málaga y Huelva, a espaldas de Podemos. Es el doctor Jesús Candel,  mucho más conocido como Spiriman, quien encauza hoy la protesta contra la política sanitaria de Susana Díaz.

¿Dónde está Podemos? Debatiendo desde hace semanas y votando desde este próximo domingo. Sin duda una muy buena noticia, dado que en el escenario político español impera hoy la peor interpretación del centralismo democrático leninista menos, mire usted por donde, en Podemos. Pero sería mucho mejor si esta controversia fuera acompañada de los problemas reales que preocupan a los ciudadanos. Denunciar el estalinismo del socialismo andaluz, por citar el ejemplo concreto al que no estamos refiriendo, es insuficiente si no va acompañado de un buen trabajo político en la calle, centros de trabajo, colegios, hospitales y barrios. Cuando el citado Spiriman, sin más recursos que las redes sociales, se convierte en líder de masas es que Podemos padece un serio déficit político.

Tan nefasto como el cretinismo parlamentario en el Congreso de los Diputados, algo así como unas anteojeras burocráticas que impiden ver lo que ocurre más allá de las instituciones, es su traducción a las asambleas o congresos de los partidos, donde solo ven la lucha de corrientes. Tanto que estas polémicas son a veces tan crípticas que únicamente las siguen aquellos que hablan el latín político, que  no es el román paladino, sobre todo en las mismas clases medias y los mismos sectores populares que representa la formación morada. Ya pueden todos los hermeneutas, que proliferan en un partido plagado de universitarios, esforzarse en distinguir a Iglesias de Errejón que no podrán convencer más que a los ya convencidos de partida. Al fin y al cabo, en el PSOE sí se sabe bien qué se discute: seguir apoyando a Rajoy o volver al no es no.

Solía decir un dirigente antifranquista, que dirigió clandestinamente el PCE en Madrid casi dos décadas, que a veces un problema personal envuelto en un lazo ideológico se transforma en un problema político. Me viene a la memoria esta observación cuando algún medio de comunicación, que cuenta con el mejor discípulo de Beria en su consejo editorial, habla sobre la purga que temen los errejonistas una vez cerrado Vistalegre II. Sin poner nombres y apellidos, estos errejonistas de corte y pega de existir serían como todos aquellos deterministas marxistas que llevaron a Marx a afirmar que él no era marxista, y podrían llevar a Iñigo Errejón a decir que él no es errejonista. Es una intoxicación que no se tiene en pie. Sea cual sea el resultado de las votaciones, Podemos no puede ni debe prescindir de ninguna tendencia en sus órganos de dirección. No sólo por lealtad y generosidad, sino por inteligencia.

El ensimismamiento, una variante del autismo, es una enfermedad que puede cronificarse si no se supera. Políticamente es letal, socialmente desmoralizador, moralmente devastador e ideológicamente confusa. De tanto interrogarse sobre sí mismo, de tanto mirarse en el espejo, puede encontrarse con que el fenómeno Spiriman, por ahora sólo andaluz, se extiende por toda la piel de toro. Quien como Podemos ha nacido en la calle, al calor de la indignación social, puede comprender mejor que nadie que cuando Zapata, como en la película de Kazan, se encierra en las instituciones tarde o temprano surge otro Zapata. Por ahora únicamente en Andalucía y sin ninguna connotación política; pero nadie puede garantizar que mañana la extrema derecha, refugiada hoy en el PP, no imite la movilización social de Le Pen.

El horizonte de la sociedad española no puede ser más inquietante. Los problemas económicos y sociales, junto con los territoriales, se amontonan en una espiral peligrosa. Mientras tanto, ahora el Congreso se divierte, el PSOE se instala en el cainismo y Podemos se ensimisma.Todo este diestro cuadro, un gobierno sin oposición, una derecha unida con una izquierda desunida, podría ser rematado mañana con una convocatoria de elecciones anticipadas antes o después del verano  –superpuestas al referéndum catalán– que diera una mayoría amplísima a un Rajoy envuelto en la rojigualda. Ojalá no se convoquen, como sostiene algún responsable político, pero sea así o no, Podemos necesita urgentemente  salir de su ensimismamiento y dirigir el rumbo de la oposición. Al menos, que no los cojan jugando al monopoly político.