El desconcierto

El espejismo del 4 de mayo

Decía el coronel Lawrence en "Los Siete Pilares de la Sabiduría" que nada era peor que soñar despierto, dado que nadie podía despertarse de su sueño. Eso es, justamente, lo que le ocurre estos días a todo ese amplio electorado del Partido Popular que sueña con el cuento de la lechera con la más que probable victoria  de Isabel  Ayuso sobre Angel Gabilondo. Es tan intensa la ficción que ya ven a  la Puerta del Sol como la antesala del palacio de la Moncloa, y las mismas elecciones autonómicas madrileñas como el anticipo de las próximas urnas generales. Así pues, la tan evidente derrota del Partido Socialista en Madrid como  primer paso hacia la victoria del Partido Popular en toda España, es el  claro espejismo de un sueño cuando estamos en vísperas de que comience la campaña electoral del 4 de mayo.

España es mucho  más que Madrid y  la sociedad madrileña presenta unas características irrepetibles mucho más allá del Guadarrama o más acá de Despeñaperros. En todos los planos, sean económico, social, fiscal, educativo, sanitario o mediático, la capital tanto por serlo como por otros muchos factores derivados de su capitalidad, es una isla en ese océano que es España. Basta constatar la histórica debilidad de los progresistas madrileños, agudizada en el siglo XXI, para concluir que con  estos adversarios la derecha lo tiene tan fácil como lo viene teniendo a lo largo del último cuarto de siglo. El PP siempre gana, y cuando pierde la Comunidad o la alcaldía , continúa siempre en Sol  y en Cibeles gracias a las llaves que le donan los vencedores

Más allá de este oasis madrileño, que alimenta hoy el espejismo del 4 de mayo consistente en que todo el campo electoral español es orégano para el PP, no hay más que una larga travesía por el desierto para poder llegar a la Moncloa. Porque primero tienen que aclarar quien podría llegar si se dieran las condiciones. No es lo mismo el PP encabezado por Núñez Feijóo, que acaba de revalidar su mayoría absoluta, que el PP de Ayuso, si logra la amplia mayoría que pronostican los expertos. Pugna interna que espera el desenlace de las elecciones de la comunidad andaluza, a finales de 2022, o quizás antes, si la Junta las convoca anticipadamente, para saber si Moreno Bonilla puede apostar por Núñez Feijóo.

No es una cuestión bizantina. Ocupando el centro derecha, el Partido Popular podría reforzar su alternativa conservadora, con unos aliados políticos indispensables para gobernar en España, o bloquearla aislándose junto con Vox. Bien lo sabe Santiago Abascal, cuando da  hoy una lección política a la nueva generación, al optar por un apoyo crítico al PP desde fuera de cualquier gobierno, como medio de restar serios obstáculos a la formación de una clara alternativa contra el Partido Socialista. La derecha radical, que trata de penetrar en esta campaña electoral madrileña en el cinturón rojo de la capital, busca colocar su programa en lugar de ocupar sillones en la Puerta del Sol.

La ventaja de Sánchez es que nadie condiciona el apoyo al PSOE. Quienes lo hicieron en el pasado, e incluso intentaron sustituirlo también como la fuerza hegemónica en la izquierda, compiten ahora por convertirse en su muleta. Sin contar, además, con que el socialismo cuenta con sólidos apoyos en el Congreso de los Diputados de los que carece el Partido Popular. Dentro de unos pocos días, pasado este recuento electoral madrileño, Sánchez lo volverá a demostrar en el inminente debate sobre el Estado de la Nación. Isabel Ayuso ha sabido aprovecharse del error de la Moncloa, la torpe operación de Murcia, para reconvertirla en el éxito electoral del 4 de mayo. Eso es todo. Salvo reforzar su gobierno, nada ha cambiado en el resto de España. El PSOE no pierde nada que no tuviera ya perdido y el PP no gana nada que antes no tuviese ganado.