Opinión · Otra economía

La ficción de la convergencia en Europa

Fernando Luengo
Miembro de la candidatura de Podemos a la Comunidad de Madrid
Blog Otra Economía: https://fernandoluengo.wordpress.com
@fluengoe

 

En unos pocos días tendrán lugar las elecciones al Parlamento Europeo (que coincidirán en el estado español con las municipales y las autonómicas). A pesar del limitado papel de esta institución en los procesos de adopción de decisiones, serán decisivas. El mapa político que surja de la consulta electoral determinará el futuro inmediato de la construcción europea en aspectos fundamentales que afectan a nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, los debates europeos ocupan un espacio mediático y político periférico, estando, además, deliberadamente polarizados alrededor del antagonismo que, supuestamente, enfrenta a los europeístas y a los populismos antieuropeos, de uno y otro signo. Más o menos Europa, este parecería ser el dilema que contiene todo el debate.

El análisis de la problemática europea, muy necesario para aclarar las posiciones de los diferentes actores políticos, a menudo se sustituye con afirmaciones de trazo grueso, que, sin ningún soporte empírico, son  presentadas como verdades incontrovertibles. Esto es exactamente lo que sucede cuando se pone sobre la mesa el tema de la convergencia, uno de los objetivos centrales de las Comunidades Europeas desde su nacimiento, a finales de los años 50 del pasado siglo. Al respecto, el discurso oficial y dominante lo tiene claro: el denominado proyecto europeo era, es y seguirá siendo un motor de convergencia.

Entrar en detalle en este asunto desborda, con mucho, el objetivo, más modesto, de estas líneas. Me centraré aquí en analizar la evolución de la convergencia macroeconómica, tomando como referencia el Producto Interior Bruto (PIB) por habitante, expresado en paridad de poder adquisitivo (que ajusta los valores a la capacidad adquisitiva de la moneda), Adopto este enfoque siendo plenamente consciente de sus carencias: a) da por bueno el PIB y su crecimiento como medida de éxito y b) omite un planteamiento estructural que apunta a indicadores como el contenido de las especializaciones productivas y comerciales, el potencial investigador o el gasto público social. Tomar en consideración ambas dimensiones representa una enmienda a la totalidad de las visiones tradicionales.

La figura siguiente contiene información sobre la trayectoria seguida por la convergencia en dos grupos de países. Del primero, que he denominado Norte, forman parte economías con un PIB por habitante más elevado (Bélgica, Dinamarca, Alemania, Francia, Luxemburgo, Holanda, Austria, Finlandia, Suecia y Reino Unido); el segundo, etiquetado como Sur, está integrado por las meridionales Portugal, España, Grecia e Italia). Los datos se refieren al periodo 1991-2018, para el cual la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat) ofrece información.

La figura mide el porcentaje del PIB por habitante de los países del Sur en proporción a los del Norte. Pues bien, la realidad que revela nada tiene que ver con el mensaje estándar, cargado de autocomplacencia, de las instituciones comunitarias: “el barco europeo navega en la buena dirección”; cuando en realidad sucede lo contrario: “el barco está varado”.

Como se aprecia en la figura, hasta el estallido del crack financiero, la brecha entre el Norte y el Sur se ha mantenido, con ligeras variaciones, aproximadamente estable, en torno al 72%; no ha existido, en consecuencia, convergencia. En los años siguientes aumenta ligeramente el “gap”, pero es a partir de la aplicación de las “políticas de austeridad y de reforma estructural” cuando las diferencias se tornan más pronunciadas: en 2018 el PIB por habitante del Sur tan sólo representaba el 63% del registrado en el Norte.

Así pues, la Unión Europea no es ese “motor de convergencia” al que apela el discurso oficial y la crisis económica ha profundizado las brechas. En un escenario de débil crecimiento económico -sin que puedan descartarse episodios de crisis similares o más intensos que los experimentados durante la última década-, quiebra de los mecanismos redistributivos, germanización de las políticas europeas y oligopolización de las estructuras empresariales, las fracturas territoriales, sociales y productivas con toda seguridad aumentarán.

La propaganda institucional puede seguir hablando de convergencia, pero la realidad es tozuda; las divergencias atraviesan e impregnan la realidad europea. Hacer un diagnóstico acertado sobre sus causas y proponer soluciones. Este el debate que importa a la ciudadanía.