Opinion · Otra economía

Abrir el foco del debate sobre el Brexit

Fernando Luengo
Economista y miembro del círculo de Podemos de Chamberí
@fluengoe
https://fernandoluengo.wordpress.com

 

El Brexit (la salida del Reino Unido de la Unión Europea, UE) está, cada vez más, en el centro del debate político y en la cabecera de los medios de comunicación. En buena medida, se centra en las consecuencias que, de llevarse a cabo la “opción dura” (Brexit sin acuerdo) -que lidera el actual primer ministro británico, Boris Johnson-, tendrá para el Reino Unido, el resto de economías europeas y el conjunto de la economía global. Abundan los textos (artículos, informes…) sobre la necesidad y la posibilidad de eludir ese escenario y las diferentes alternativas que se abren al respecto.

Este asunto, por supuesto, tiene una gran relevancia. Pero me inquieta que, en este contexto, prenda la idea de que hacer valer la soberanía de los pueblos, que la ciudadanía del Reino Unido ejerció a través de un referéndum que ganaron los partidarios del Brexit, quede devaluada, estigmatizada y rechazada de hecho por conducir a situaciones de bloqueo y parálisis, o por presentar costes indeseables e insoportables.

Con esto no quiero legitimar, claro está, la deriva actual, ni tampoco ignoro  la compleja problemática que está generando. Pero entre tanta confusión y regates en corto, creo necesario reivindicar la democracia, principio tan vapuleado en Europa. La democracia incluye el derecho de autodeterminación de los pueblos; la celebración de un referéndum donde dirimir si se quiere permanecer dentro de la Unión Europea o abandonarla es un derecho fundamental que hay que preservar y garantizar. Por el contrario, el mensaje que, de manera subliminal, se desliza es que no hay alternativa, ni hay democracia que valga cuando sobre la mesa hay asuntos de tanta enjundia.

La otra cuestión que me resulta preocupante es proclamar, frente al Brexit, la defensa a ultranza, el cierre de filas en torno al “proyecto europeo”; en realidad, en términos más generales, frente a los populismos, los euroescépticos, los nacionalismos, el ascenso de la extrema derecha… Frente a estas amenazas, y otras que pudieran aparecer en el horizonte, la UE emerge como presente y como futuro, que, se argumenta, ha traído y traerá cohesión social, convergencia y progreso económico. Nada se dice -se minimizan o se ocultan- sobre los límites, las contradicciones y los fracasos de la Europa realmente existente (tan relevante como la reflexión sobre las crecientes desigualdades provocadas por la gestión de los gobiernos conservadores en el Reino Unido). Y, desde luego, no se entra en el debate, al que no quito ni un gramo de complejidad, sobre las consecuencias que ha tenido la integración europea sobre la economía y la ciudadanía británicas.

Los dirigentes comunitarios no están por la labor de abrir una reflexión sobre la contaminación y ocupación de las instituciones por parte de las elites económicas y políticas, sobre la falta de transparencia y democracia existente en la UE, sobre la debilidad de las medidas redistributivas y sobre las profundamente conservadoras políticas exigidas desde Bruselas. Para mantener los privilegios de los poderosos y el actual estado de cosas les va bien con la introducción de limitadas e insuficientes reformas en la gobernanza, reformas que permitan seguir construyendo una Europa articulada en torno a los intereses de las grandes corporaciones y las finanzas.

Opino que aquí encontramos algunos de las causas de fondo del Brexit. Pero metidos en la vorágine del Brexit duro, cuya fecha se acerca de manera inexorable, apenas hay rendijas para que estos temas se cuelen en un debate lleno de urgencias. Pero estoy convencido de la conveniencia de abrir el foco, una necesidad para la izquierda transformadora que reivindica Otra Europa, que nada tiene que ver con la actual.