Opinion · Otra economía

El vértigo de las nuevas elecciones

Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos
Twitter: @fluengoe
Blog Otra Economía: https://fernandoluengo.wordpress.com

 

La repetición de las elecciones nos sitúa ante un escenario inquietante e imprevisible. El peor de todos. La sensación de que los políticos, en general, y los de izquierdas, en particular, no han realizado su trabajo, no han sido capaces de traducir en acuerdos los resultados de las pasadas elecciones, está muy extendido. Formulado de esta manera, no comparto este diagnóstico, pero me temo que es el que, a fuerza de repetirlo una y otra vez, ha quedado en la opinión pública.

Una mezcla de hartazgo, decepción y rechazo de la “clase política”, cuya traducción en votos y abstenciones es imposible de prever en este momento. Si siempre hay que “coger con pinzas” y depurar con cuidado la información contenida en los sondeos electorales y los pronósticos que avanzan, la incertidumbre política que existe en este momento reduce todavía más su capacidad predictiva, convirtiéndolos en interesados y sesgados formadores de opinión y en armas arrojadizas de unos partidos contra otros.

Algunos de estos sondeos vaticinan que el Partido Socialista Obrero Español  y el Partido Popular (PP) ganarán apoyo electoral, al tiempo que Ciudadanos (C´s), Vox y Unidas Podemos (UP) lo perderán. Se pronostica, asimismo, que las derechas no sumarán lo suficiente y que los dirigentes socialistas se verán enfrentados de nuevo a la formación de gobierno, con un grupo parlamentario más amplio que el actual, pero sin alcanzar la mayoría absoluta.

Ya veremos. Hay demasiada incertidumbre para instalarse en un juego de adivinanzas y elucubraciones. Me preocupa, en todo caso, la contundencia con que se sostiene que “las derechas no suman”. Hay que tener en cuenta, que el PP ha detenido su caída y ha reforzado su todavía débil posición, que la izquierda podría muy bien encontrarse con la abstención de una parte de su electorado, y que la inminente sentencia del juicio a los presos políticos catalanes y las consecuencias que se derivarán de la misma posiblemente ofrecerán nuevas bazas al nacionalismo españolista. En este escenario, ante la posibilidad de hacerse con una mayoría electoral (lo visto en Madrid y en otros lugares demuestra que el PP y C’s, situados en posiciones cada vez más extremas, no le hacen ascos a pactar con la extrema derecha representada por Vox), la apelación al voto podría darles una mayoría suficiente.

La repetición de las elecciones es un escenario muy desfavorable para UP. La maquinaria mediática insiste machaconamente que, sobre todo, esta situación es responsabilidad de este partido. La “arrogancia e intransigencia” de Pablo Iglesias y del equipo negociador habrían hecho imposible el acuerdo. No volveré aquí sobre este asunto, pero para mí era evidente desde el principio que la dirección del PSOE en ningún momento ha contemplado la formación de un gobierno de coalición con UP. La rueda de prensa de Pedro Sánchez -que, con el descaro que le caracteriza, ha convertido en un mitin de campaña- volvió a arremeter contra su “socio preferente”, cargando sobre sus espaldas la responsabilidad del dislate político que estamos viviendo. Con los argumentos ya conocidos -falta de confianza, dos gobiernos en uno, inestabilidad, voracidad…-, el presidente en funciones, a preguntas de un periodista, volvió a descartar la alternativa de un gobierno de coalición con UP. En realidad, nada nuevo en el horizonte. Un partido, el PSOE, que quiere gobernar en solitario a pesar de contar con un respaldo electoral insuficiente; un partido que, más allá de la retórica, no se compromete con un programa de izquierdas y que, en la práctica, en los asuntos fundamentales, aplica políticas de marcado signo conservador (penúltimo dato: el grupo socialista en el Parlamento Europeo ha dado su voto favorable como presidenta del Banco Central Europeo a Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional y declarada culpable de corrupción por la justicia francesa en su época de ministra de Nicolas Sarkozy).

¿Seguiremos levantando desde UP la bandera del gobierno de coalición? En mi opinión era y es un error que nos coloca a la defensiva y ante una hoja de ruta intransitable. No sólo porque, como acabo de señalar, el PSOE en absoluto contempla esta alternativa; sino porque posicionarnos en el mismo espacio político que este partido, con el argumento de que estamos en política para cambiar las cosas y de que para ello hay que estar en las instituciones, supone un lastre para recomponer nuestro proyecto como partido transformador que pretende reconocerse en el movimiento que ocupo el 15M las plazas y las calles.

¿Significa esto descartar por principio la eventualidad de participar en un gobierno de coalición con el PSOE, alcanzar un pacto programático o llegar a acuerdos con este partido? En mi opinión, ninguno de esas posibilidades puede descartarse ni ignorarse, ninguno de esos caminos está cerrado con candado. Más aún, la fragmentación del mapa electoral, que ya no permite afortunadamente mayorías absolutas, sitúa a los partidos ante la necesidad de llegar a pactos y compromisos. Pero será tarea de UP, y no de un PSOE debilitado e inclinado a someterse a los designios del poder, ensanchar el espacio político de las izquierdas y acumular fuerzas para reforzar nuestra capacidad de presión y negociación. No será fácil en un contexto de relativa desmovilización social y de recomposición de los partidos del régimen.

La herencia de fracturas sociales que ha dejado la gestión conservadora de la crisis económica y la que tenemos a las puertas, el fiasco de las políticas llevadas a cabo en estos años, el desastre energético y climático cuyas consecuencias ya padecemos, la creciente tensión geoestratégica y militar. Estos y otros factores exigen una toma de posición y una respuesta. Es aquí, en nuestra capacidad para estar a la altura de estos desafíos, donde se la juega la izquierda transformadora.