Opinion · Otra economía

Cambio climático y poder corporativo

Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos
Twitter: @fluengoe
Blog Otra Economía: https://fernandoluengo.wordpress.com

El movimiento contra el cambio climático, que culminará en la huelga mundial por el clima del próximo día 27, exige, con razón, a los políticos y a las instituciones compromisos, objetivos concretos, recursos para abordarlos y plazos de ejecución. Una marea, protagonizada sobre todo por lxs jóvenes, conscientes de que el planeta, su vida, la vida de todxs, están en peligro y que es el tiempo de actuar. No es suficiente con acuerdos como el de París y mucho menos con declaraciones grandilocuentes y vacías de contenido a las que ahora todos se apuntan, casi sin excepción; también los que no tienen ninguna intención de hacer nada al respecto, incluidos los grandes contaminadores y depredadores de la naturaleza.

Una suma de pronunciamientos, más que de voluntades, que, en mi opinión, confunden el panorama. Para despejarlo, para diferenciar con claridad a los que, de verdad, trabajan por salvar el planeta y los que, con sus políticas, por acción o por omisión, lo están llevando a una situación límite, cada vez más cerca de un escenario irreversible, es imprescindible señalar a los culpables: las grandes corporaciones energéticas, agroalimentarias, textil y confección, siderometalúrgicas, químicas, automotrices, electroinformáticas, las grandes firmas que operan en el sector de la distribución comercial, en el transporte internacional… La contaminación y la dejación de responsabilidades de estas empresas forma parte de su modelo de negocio; forman parte del actual modo de producción, consumo y de ciudad.

En el afán de denunciar la incapacidad de la clase política y la parálisis institucional -que, por supuesto, no discuto- se pasa de puntillas sobre el sector corporativo, como si fueran víctimas, antes que responsables, de la crisis climática. Entre tanto, las grandes empresas intentan, con la complicidad de las más importantes cadenas mediáticas y con estratégicas campañas de publicidad, dar “gato por liebre” a la opinión pública, utilizando señuelos como “etiquetas verdes”, “responsabilidad social corporativa” o mensajes de “apoyo a las energías limpias”. Intentan de esta manera situarse del lado que sopla el viento. Gestos que apenas disimulan una estrategia destinada al aumento de las ventas, ganar crédito moral ante una ciudadanía justamente indignada y preocupada…y seguir a lo suyo, contaminando, trasladando los costes al conjunto de la sociedad.

Empresas que -a través de las fundaciones, de cátedras universitarias y del control de los más influyentes medios de comunicación- son los grandes creadores de opinión (o, más bien, de desinformación e intoxicación); que cuentan con numerosos grupos de presión para garantizar que las instituciones velen por sus intereses; o que directamente han entrado en estas y en los gobiernos.

La lucha contra el cambio climático -en general, los movimientos en defensa de la vida y la decencia- deben poner en el centro el dominio de las grandes corporaciones, porque ahí está el nudo gordiano del problema que hay que enfrentar con urgencia. El poder y los privilegios de estas corporaciones y de las elites que las dirigen no ha dejado de crecer, antes y durante la crisis. De hecho, esta fue una oportunidad, que, sin duda, han aprovechado. La formidable concentración de la renta y la riqueza y la concentración empresarial, en continuo aumento, nos hablan de la existencia de unas oligarquías transnacionales, articuladas alrededor de una densa red de conexiones accionariales y familiares que dominan los consejos de administración de las grandes firmas, que mueven un volumen de negocio que supera el Producto Interior Bruto de la mayor parte de los Estados y que no hacen ascos a ponerse  de acuerdo entre ellas cuando se trata de defender sus intereses.

Desmontar el poder corporativo y la lógica económica que lo sostiene (el productivismo y la búsqueda incesante de crecientes cotas de competitividad, el todo mercado y la globalización). Este es uno de los grandes desafíos del ilusionante y masivo movimiento contra el cambio climático.