Opinion · Otra economía

La violencia en Catalunya y otras violencias

Fernando Luengo
Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos
https://fernandoluengo.wordpress.com

Twitter: @fluengoe

Los informativos de la radio y la televisión presentan, como si siguieran un mismo guion, una Barcelona en llamas y una Catalunya envuelta en la violencia provocada por grupos extremistas, alentados desde la misma Generalitat -por su presidente, más concretamente- y por una izquierda minoritaria y radical que, aprovechando la movilización ciudadana, ha entrado en escena sin contemplaciones. Y no hay nada más, o, para ser más preciso, los informativos no hablan de nada más.

En absoluto comparto la violencia de la que estamos siendo testigos. Está en las antípodas de lo que la ciudadanía catalana, dando un maravilloso ejemplo, ha protagonizado en los últimos años. Una defensa radical, decidida y pacífica de sus derechos; defensa que tuvo su máxima expresión en la ejemplar movilización del 1 de octubre de 2017, en un referéndum que el gobierno de Rajoy prohibió e intentó por todos los medios (policiales) que no tuviera lugar, que simplemente reivindicaba el derecho a votar y a decidir y que, pese a las condiciones excepcionales en que se celebró, contó con una nutrida participación.

El comportamiento violento de los últimos días – que los informativos quieren grabar a sangre y fuego en nuestras retinas- es, como acabo de señalar, de todo punto inaceptable. Hay que condenarlo, sin paliativos, cosa que Quim Torra, con el oportunismo que caracteriza a una parte del nacionalismo catalán, no ha hecho con la suficiente contundencia.

Ese comportamiento, además de resultar inaceptable, hace mucho daño y ayuda a ocultar la gran movilización que, en respuesta a una sentencia injusta y desproporcionada, se está produciendo en todos los rincones de Catalunya. Es perjudicial por la cultura, inequívocamente autoritaria, que subyace en el mismo y por las consecuencias políticas que tiene. La sucesión de episodios violentos contribuye a cebar un discurso de odio e intransigencia hacia las justas reivindicaciones de buena parte de la ciudadanía catalana, independentista y no independentista, que reclama tener voz sobre su futuro como nación. No sólo Vox y Ciudadanos, cuyo discurso, instalado en el nacionalismo españolista más excluyente, rancio y violento, ha hecho bandera del anticatalanismo; también los dirigentes socialistas y populares esperan sacar tajada de esta situación.

Quienes se empeñan en centrar la atención en los incendios, la lucha callejera y las barricadas, ¿por qué no ensanchan su mirada? ¿acaso no es violencia, en este caso ejercida por la alta magistratura, condenar por sedición, con penas enormes, a los dirigentes políticos, todavía presos, que encabezaron el denominado “procés”? ¿no fue violenta, hasta límites extremos, la brutal actuación de la policía y la guardia civil desatada contra una población indefensa, decidida a ejercer, de una manera pacífica pero contundente, su derecho al voto? ¿no es violencia institucional criminalizar y situar la desobediencia civil en el terreno de la sedición?

¿Y las sangrantes violencias que padece la población más vulnerable, de las que apenas se hacen eco los medios? ¿cómo calificar que muchos pensionistas, con cargas familiares crecientes como consecuencia de la crisis, tengan que malvivir con unos ingresos que les sitúan por debajo de la línea de la pobreza? ¿y las personas amenazadas o expulsadas de sus viviendas por fondos buitres entregados al rentable negocio de la especulación? ¿y la ejercida contra los trabajadores que, privados de derechos y situados entre la espada y la pared, se ven obligados a aceptar salarios miserables y a realizar horas extraordionarias sin ninguna remuneración? ¿Nada que decir sobre la enorme violencia que recae sobre las personas migrantes que son recluidas en campos donde viven en condiciones de vida extremas, son expulsados a países claramente hostiles, como Turquía, o, en su desesperado intento por llegar a Europa, se ahogan en la inmensa fosa común en que se ha convertido el Mediterráneo?

No alargaré la interminable lista de violencias que los informativos y la mayor parte de los políticos ignoran; ignorancia que me provoca repugnancia. Lo rentable para ellos es poner el foco, y no moverlo ni medio milímetro, en la castigada Catalunya y en los episodios -aislados, se diga lo que se diga- protagonizados por algunos grupos minoritarios.