Opinion · Postdatas

Por fin, los jóvenes

Después de tanto desbarre sobre Cataluña, con Casado y Rivera bufando en el último episodio contra Pedro Sánchez por apostar por el diálogo y no por las tanquetas –estos tipos de la extrema derecha están desvariando tanto que falta un cuarto de hora para que salga un salvapatrias forjado por el calor de sus furibundos alegatos-, el Rey, en su discurso navideño, ha puesto el acento en los jóvenes españoles, una legión de parados y olvidados que merecía, al menos, mil perdones y un cable.

“Tenéis problemas serios y tenemos que ayudaros”, leyó el monarca español en el teleprompter, tras reconocer la deuda que tiene la sociedad española con esa muchachada patria instalada mayoritariamente bajo el umbral de la pobreza.

No es para menos. Cuando la UE ha alcanzado hace poco la tasa de paro juvenil más baja de su historia, el 14,8%, en España llegamos al 33,4%, solo por detrás de Grecia, con el 36,3%. En Andalucía, mi tierra, esa tasa se dispara hasta el 46%. ¡Y algunos analistas siguen echándole la culpa a Pedro Sánchez y a Cataluña!

Es decir, somos la segunda potencia europea en triturar las ilusiones y las esperanzas de los jóvenes.

Así, como sociedad, el menor de nuestros problemas es Cataluña. Como esos imberbes y no tan imberbes se enfunden un chaleco amarillo o pongan masivamente un pie en la calle de en medio, no hay Piolín ni ¡a por ellos! que los pare.

¿O les vamos a aplicar el artículo 155 también a nuestros hijos por no querer vivir la mierda de vida que le hemos legado?

No voy a entrar a fondo en las causas de esta alta tasa de paro juvenil –el fracaso escolar, el desajuste entre la oferta y la demanda entre el trabajo y el nivel educativo y otras vainas -. Pero sí voy a defender salarios mínimos para que puedan vivir dignamente. Ahora, estén formados o no, las remuneraciones son de vergüenza, no dan ni para pipas, y los horarios interminables, de semiesclavitud. ¿Pagar un pisito, luz, agua y comer papas fritas con huevo? Vivir cortito de cartera es un lujo al que muchos acceden gracias a la ayuda interminable de padres, abuelos y otros parientes cercanos, que se han especializado en el pago de facturas familiares caritativas.

Por eso, porque deseo de verdad que esta tendencia contra los jóvenes se acabe, defiendo a capa y espada la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta los 900 euros con 14 pagas o a los 1.050 euros con 12. ¡Viva este Gobierno muchos años si todas son como esta!

Un 22,3% más, la mayor alza desde 1977, que debe servir para empezar a disculparnos con nuestros jóvenes como Dios manda, con las panojas por delante.

Las quejas empresariales de que este aumento va a incidir negativamente en la creación de empleo representa un acto de avaricia intolerable.

¡Pero qué empleo y qué leche! ¿Con esos contratos que apestan de cuartos de hora de higos a brevas quieren que vivan nuestros hijos una vida próspera y feliz? Iros a la mierda.