Opinion · Entre leones

El discurso de los quereres

Cada vez que escucho a las tres derechas insistir una y otra vez en que la solución para Cataluña no es otra que la aplicación del artículo 155 y Santas Pascuas, llego a la conclusión de que, en realidad, quieren que esta comunidad autónoma española ponga pie en Polvorosa cuanto antes.

El ordeño continuado de la mitad de Cataluña que no es independentista está generando desafección incluso entre los ciudadanos constitucionalistas más moderados, en tanto en cuanto, a estas alturas, ese discurso machacón de ‘ni agua a los soberanistas’ lleva directamente a la confrontación y a la falta de diálogo, algo que no está en el ADN de un demócrata pata negra. Albert Rivera está especialmente ‘jartible’ desde hace demasiado tiempo con esa retahíla. ¡Si ya nos hemos enterado que eres español, picha!

En el fondo, visto así, existe poca diferencia entre la posición de  las derechas y la de los partidos independentistas. Ambos desembocan en un callejón sin salida para Cataluña y los catalanes, y Cataluña y los catalanes necesitan soluciones no golpes de pecho patrióticos y banderazos de discordia.

Si queremos de verdad que Cataluña forme parte de España, debemos construir otro discurso bien diferente.

El relato de la ley y el orden del 155 y una sentencia ejemplar del Tribunal Supremo es una aspiración legítima pero es tremendamente contraproducente, si simultáneamente no se tienden puentes de plata que allanen al terreno para enterrar como Dios manda todo el procés.

De hecho, a palo seco, estoy convencido que es la deriva que más beneficia las tesis independentistas de cuanto peor, mejor.

En el caso Iceta se ha podido ver a las claras que los extremos se tocan, que a la hora de la verdad las derechas y los soberanistas se ponen manos a la obra a ordeñar sus perjuicios y sus mezquindades y Cataluña y los catalanes les importan un pito.

A ver quién me explica desde la perspectiva catalanista que un catalán como Iceta no debe presidir el Senado, o desde la perspectiva constitucionalista que un defensor de la Constitución sin ningún género de dudas como Iceta no puede presidir la Cámara Alta. Mucha mandanga tiene la cosa, ¡eh!

Dicho esto, aprendamos de nuestra historia. No retrasemos la solución del problema como con ETA. Sí, con la banda terrorista la derecha, representada por el PP, metió todos los palos en la rueda que pudo y más para que no se produjera el fin de la violencia en tiempos de ZP.

Los insultos que recibió el entonces presidente del Gobierno forman parte de uno de los episodios más vergonzosos de nuestra democracia. Los higadillos salían por la boca en forma de burradas de sus señorías de Génova con Zurbano.

Me alegra saber que Pedro Sánchez, con la elección Maritxell Batet y Manuel Cruz para presidir Congreso y Senado, respectivamente, mantiene el discurso de los quereres y la hoja de ruta hacia la solución. Y, sobre todo, se muestra inasequible al desaliento. Sí, un discurso de vamos a buscarnos políticamente el punto G para ser más felices en vez de jodernos vivos para no vivir en paz. Y una firme convicción de que la vereda es la buena.

No me cabe duda de que el líder socialista los elige no por ser catalanes, pero es una evidencia –creo que diría- que Batet y Cruz son ciudadanos que se sienten españoles y catalanes, como la mayoría de los paisanos de Cataluña que anhelan un camino de fraternidad y convivencia y desean dejar atrás de una vez un procés que solo les ha traído división social, parálisis política y debilidad económica.