Opinion · Entre leones

En blanco

La investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno en octubre estuvo precedida por la laminación del secretario general del PSOE, un tal Pedro Sánchez.

De aquellos días siempre se recordará el lamentable protagonismo de los socialistas andaluces, que, encabezados por la propia Susana Díaz, montaron todo un aquelarre para llevarse por delante a Pedro Sánchez, con modos muy sicilianos, por cierto.

Siempre se recordará a Susana Díaz exigiendo a sus esbirros la cabeza del secretario general del PSOE con urgencias nocturnas. O a aquella política sevillana, Verónica Pérez, en una media verónica inolvidable, autoproclamándose la única autoridad del PSOE.

Formaron también parte del matarile a Pedro Sánchez unas declaraciones de Felipe González apuntillando al madrileño de una forma despreciable, usando una conversación privada para más desvergüenza.

Pero de aquellos días me quedan sobre todo en el recuerdo las numerosísimas manifestaciones de apoyo de la vieja guardia socialista, con el propio Felipe González, Alfonso Guerra, Alfredo Pérez Rubalcaba, Javier Solana y Joaquín Almunia en primera línea, a la investidura de Rajoy.

Por supuesto, allí también estaban los barones de la Violeta, que formaron parte de la conspiración tanto en la Ejecutiva Federal como en el Comité Federal.

Y los chicos del Ibex 35 y sus pistoleros, porque pistoleros han tenido a sueldo, ¿no?

Tampoco me olvido del propio Rey, que en la fiesta nacional tuvo un aparte de Antonio Hernando para engrasarlo como portavoz socialista ante la cercanía la investidura decisiva de Rajoy. Nada importante, una pasada por el lomo.

¿Dónde están todos estos artistas que se rasgaban las vestiduras por la investidura?

¿Qué ha sido del patriotismo de Felipe González, Alfonso Guerra y compañía?

¿Va a darle un toque el Rey a Rivera en las narices y un cocotazo a Casado para que demuestren su amor a España pasando por la taquilla de la abstención en el Congreso?

Por cierto, aunque comprendo las razones de Pedro Sánchez para convocar nuevas elecciones, no estoy en absoluto a favor de ellas.

Creo y deseo que las izquierdas, PSOE y Unidas Podemos, busquen una fórmula de entendimiento, quizás más en el terreno del acuerdo a la portuguesa, para evitarlas.

Los millones de votantes que nos movilizamos ilusionados por los ocho meses del Gobierno socialista en colaboración de Podemos y, sobre todo, por miedo al empuje de la extrema derecha, no merecemos unas nuevas elecciones.

Si finalmente es el único camino posible, la movilización de la izquierda va a ser casi una misión imposible. Y más después de ver cómo las derechas se entienden divinamente.

Me temo muy mucho que el voto en blanco sería la única opción de casino.