Entre leones

Sesenta años no es nada

"Me siento joven: estoy de acuerdo con Carlos Gardel y su ‘Volver’, 20 años no es nada, pero tampoco lo son 60 años". Reloj de arena.- Pixabay

A pocos días de cumplir 60 años (¿os acordáis en nuestros años de inconsciencia lo viejo que era todo aquel que sobrepasaba esa fatídica edad?), normalmente me hubiera asaltado un brote de melancolía, que siempre busca el sur; es decir, me hubiera desahogado recurriendo a mi infancia, esa patria que tantos escritores han reivindicado como suya.

Yo me quedo con la de mi admirado Manuel Vázquez Montalbán, que la circunscribió a las ‘cuatro esquinas donde se meaba cuando era chico’. Como esa patria, no ha habido ni habrá ninguna. Era su barrio barcelonés; en mi caso es Guadiaro, una barriada de San Roque, donde la provincia de Cádiz se abraza a la de Málaga, donde el Mediterráneo se confunde con el Atlántico, con el Estrecho de por medio.

En más de un artículo, con las lagunas propias de la edad, he recorrido aquella infancia de pan con aceite y azúcar, de partidos de cientos y cientos de minutos en el Paseo, de las primeras cicatrices en el corazón. Hace poco, José Antonio Casaus, periodista, político, hombre ilustrado y buena persona, colgó en Facebook un paseo por los baches de aquella infancia: "Y nunca dejaré de acordarme, calle arriba, del rinconcito de Andrés Chimenea, que era una especie de santuario de viejos amigos con una tapita de salchichón muy bien cortado; de la tienda-bar de Matilde, donde acababan los ríos de vino; del estanco de mi querido Andrés, que mantuvo y mantiene esa figura de viejo hidalgo; de las tiendas 'El Motor', con el patriarca contando los clavos de la vida; de la panadería de Juanito López, que se fue cuando no se debería ir nadie; de la panadería de Momo y Antoñita, con esa sabiduría de pueblo que tenían sus pasteles; de la tienda de mi vieja Trinidad, que nos endulzaba con chucherías y cariño a todas las horas del día; de la panadería de doña Ana, una bolita de amor propio; de la carnicería de doña Rosario, que siempre estaba envuelta en un delantal y una sonrisa; de la tienda de Pepita Tocón, cerrada como un secreto; de la tienda de Lola y Diego, lo más parecido a un supermercado con arte; de la tienda de doña Concha y el bueno de Pedro Collado, que se nos fue buscando en la vega los caballos de su padre, y de la tienda de Juan Martín, Eulalia y Catalina, con una esquina que era como una plaza. Y, al final de la cuesta, los bares. El de Juan Collado, donde nació el CD Guadiaro moderno; 'El Florida' de Enrique 'El Cubano', que dejó su sabiduría en manos de su hijo Enriquito; 'El Alonso', con una familia entera honrando la memoria de su padre; 'La Venta', con una historia paralela y parecida que inició Manolo, y por último 'El Cubano', con Manolo y Antonia como pareja de lujo de unas mañanas de café caliente, tostadas, 'cubanadas' y poemas a Fidel Castro. Si volviera a nacer, me instalaría de nuevo en esas cuatro esquinas de mi infancia: Guadiaro". Le agradezco su generosidad.

Pero en esta ocasión, aunque la melancolía me empuja a recordar a todos mis seres queridos que se fueron (mis padres, Cirito, Domingo... hasta los últimos que se llevó la COVID) y a derramar lágrimas en su memoria, quiero intentar -superado el trance- mirar hacia el norte y buscar motivos para seguir cumpliendo años.

Muerto de miedo por el mundo que heredarán nuestros hijos: los Putin y sus guerras, la extrema derecha que quiere sembrar nuestras sociedades de racismo, xenofobia, homofobia y todas las mierdas que le acompañan, la destrucción de la Tierra que nos hemos empeñado en completar en un tiempo récord, la explotación de los jóvenes a golpe de contratos basura, los asesinatos y la discriminación de las mujeres, el umbral de la pobreza que condena a millones y millones de desheredados, a sus hijos, a sus nietos, etc. Quiero creer que podremos con ellos y galopando cumpliremos la profecía de Rafael Alberti con la voz rota de Paco Ibáñez no solo para España sino para las cuatro esquinas de nuestro planeta:

"Las tierras, las tierras, las tierras de España
las grandes, la sola desierta llanura
galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo
que la tierra es tuya

A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar (bis)

A corazón, suenan, suenan, resuenan
las tierras de España en las herraduras
galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo

que la tierra es tuya

A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar (bis)

Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie
que es nadie la muerte si va en tu montura
galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo
que la tierra es tuya

A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar (bis)."

Tengo fe por la poesía: es posible lo imposible.

Me siento joven: estoy de acuerdo con Carlos Gardel y su ‘Volver’, 20 años no es nada, pero tampoco lo son 60 años.

Y no me falta la fe de la filosofía, que, por el momento, la podrán seguir estudiando las futuras generaciones en España. ¡Aleluya, aleluya!

Aprenderán que el filósofo Thomas Hobbes nos advirtió en el siglo XVII que ‘homo homini lupus’ (el hombre es un lobo para el hombre). Pero un siglo más tarde, el francés Jean-Jacques Rousseau nos dio esperanzas: el hombre es bueno por naturaleza.

Hete ahí el clavo ardiendo para sobrevivir, y quizás buscar aún algún paraíso perdido similar al de mi infancia donde las risas eran carcajadas y los besos sabían a puchero.

PD: -El anuncio de un expediente de expulsión al exsecretario general del PSOE de Algeciras y actual presidente de la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar, Juan Lozano, por parte de la nueva dirección socialista algecireña es una de Hobbes. De consumarse, sería una cafreada que me recuerda las prácticas más miserables del susanismo. Y Lozano es un tipo decente.

-La victoria de Macron en las presidenciales francesas es una de Rousseau. Francia y la UE se han salvado de la fascista Marine Le Pen gracias a la mayoría de los franceses.