Entre leones

Por Andalucía

Juanma Moreno saluda a Juan Espadas el 15 de diciembre de 2021 en Sevilla.- EP

El próximo 19 de junio los andaluces están llamados a las urnas. Según todas las encuestas, el PP y Vox sumarán una cómoda mayoría absoluta, con los populares por delante de los socialistas claramente en número de escaños y votos. 

Esta foto fija demoscópica ha venido siendo así de forma reiterada en los últimos meses hasta que la Comisión Ejecutiva Nacional de Vox ha designado a la diputada por Granada Macarena Olona candidata a la presidenta de la Junta de Andalucía.

La presencia de esta alicantina de 43 años como cabeza de cartel de la extrema derecha podría cambiar las expectativas electorales de unos y otros. 

Por un lado, Olona puede arrebatarle mucho voto a Juanma Moreno en los caladeros más conservadores, sobre todo en Andalucía Oriental, y acercarse más de lo previsto al popular en las urnas. El actual presidente de la Junta tendrá que fajarse lo suyo para evitar que la diputada granadina le pise los talones en los terrenos más resbaladizos, la delegación de la España cañí en Andalucía. 

Aunque bien es verdad que Olona puede beneficiar al candidato popular activando el voto útil del centro-izquierda para pararla. Esta opción no es nada descabellada si tenemos en cuenta que las políticas del Gobierno andaluz en esta legislatura no han desbarrado por la derecha más de la cuenta.

Pero lo normal es que esta abogada del Estado en excedencia reactive el voto de izquierdas, sobre todo en dirección al PSOE. Ahí, los sindicatos tendrán que sudar la camiseta para pinchar el globo de Vox. Aunque, visto lo visto en las últimas elecciones francesas, donde las clases trabajadoras y las mujeres han votado más de lo previsto a Marine Le Pen, también puede restarles a los socialistas. Espadas tendrá que emplearse a fondo para combatir el populismo de Vox, que, como ya se vio el pasado Primero de Mayo en Cádiz a Abascal y Olona pancarteando sin complejos, quiere seducir a los obreros con el discurso racista y xenófobo contra los inmigrantes. 

En definitiva, dos candidatos muy centrados, el popular Juanma Moreno y el socialista Juan Espadas; unos Ciudadanos al borde de la extinción, y una izquierda más allá del PSOE en modo ‘taifas’, frente la diputada más dura de Vox, que ya en su presentación ha dejado claro que con su designación como candidata a la presidencia de la Junta "comienza la toma", y por España, claro está. (Para estos señores y estas señoras de Vox, Andalucía es un actor secundario en España. Y la bandera 'verde y blanca', símbolo del autogobierno andaluz, poco más que un trapo en un mar de rojigualdas).

Y es que Olona es un peligro no solo porque sea la representante de Vox que más odio destila y más inquina derrocha contra sus contrincantes políticos, sino porque puede seducir a una parte del electorado decepcionado con la política y dispuesto a tirar por la calle de en medio, esperando que obre el milagro de los panes y los peces en Triana y alrededores.

Más allá de cualquier referencia bíblica, que el personaje tiene para el Antiguo y el Nuevo Testamento, de llenar las urnas de ese voto, la candidata de Vox complicaría extraordinariamente el mapa político andaluz.

Por eso, cada día que pasa lo tengo más claro: frente a un Gobierno del PP que puede estar condicionado por Vox hasta la indecencia, cabe una gran coalición entre populares y socialistas o viceversa. Por Andalucía, en este caso.

Eso sí, si Juan Espadas le gana a Juanma Moreno, algo muy difícil en estos momentos, los populares deben hacer un ejercicio de responsabilidad y entregarle la presidencia al socialista. Por Andalucía, de nuevo.

Pero después del acuerdo en Castilla-León entre PP y Vox y la campaña de blanqueo de la extrema derecha o ultraderecha -algunos medios afines han suprimido estos vocablos al referirse a Vox para no espantar al electorado más centrista de los populares-, reconozco que esa posibilidad es puro voluntarismo, y entra directamente dentro de la política ficción: dudo muy mucho que Feijóo lo permita; no en vano la reedición del pacto con Vox puede llevarlo a él mismo al palacio de la Moncloa dentro de dos años, con Abascal a su diestra y como vicepresidente del mismo Gobierno.