Entre leones

Cinco años de la 'mediaverónica'

Susana Díaz y Pedro Sánchez durante un mitin. / EFE
Susana Díaz y Pedro Sánchez durante un mitin. / EFE

Un 21 de mayo de hace cinco años, Pedro Sánchez le ganó a Susana Díaz las primarias por la secretaría general del PSOE. Fue una guerra de guerrillas entre militantes frente a todo un ejército regular de exsecretarios generales y baronías.

Merece la pena recordar que esta batalla política empezó un año antes, el 1 de octubre de 2016, cuando el Comité Federal socialista puso de patitas en la calle a su secretario general en una votación que recordó en el fondo y en las formas a una asonada militar.

Como recordarán, por aquellos días, Verónica Pérez, a la sazón secretaria provincial del PSOE de Sevilla, reinventó la ‘mediaverónica’ cuando se autoproclamó la máxima autoridad del PSOE con mando en plaza. ¿A qué sonó a sucedáneo de tejerazo? Un espectáculo bochornoso, mitad digno de vodevil, mitad cultura Juventudes Socialistas, que contó con el apoyo de casi todos los prebostes del partido, con Felipe, Zapatero y Rubalcaba a la cabeza.

Todavía se recordará las declaraciones de Felipe González en la Cadena SER revelando una conversación privada con Pedro Sánchez para debilitarlo. "Me siento engañado y frustrado", dijo el expresidente del Gobierno. Supuestamente, el madrileño le dijo que en la investidura de Mariano Rajoy en 2016 votaría en primera instancia en contra y en segunda se abstendría.

César Luena, por entonces secretario de Organización socialista, reprochó a Felipe González las declaraciones por romper la confidencialidad, y Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, exigió al riojano que se disculpara con el sevillano (¿?). Eran los últimos días de septiembre de aquel año de puñaladas traperas en el socialismo democrático español.

La cacería contra Pedro Sánchez ya estaba en marcha, y se inició poco después en el seno de la propia Ejecutiva Federal socialista, cuando 17 miembros afines a Susana Díaz presentaron su dimisión para allanar el terreno en el Comité Federal del 1 de octubre, donde el PSOE echó a Pedro Sánchez, con otro espectáculo vomitivo, digno del cainismo más sofisticado. Pepiño Blanco, un político que en su vida miró a nadie a los ojos -ahora próspero hombre de negocios gracias a sus conocimientos en sinuoso mundo de las gasolineras-, actuó como matarife del secretario general socialista.

Aunque quizás, para ser justos, el acoso y derribo de Pedro Sánchez por parte de Susana Díaz y los suyos empezó casi al minuto siguiente de que saliera elegido secretario general por primera vez el 14 de julio de 2014, cuando le ganó a Eduardo Madina y a José Antonio Pérez Tapia con el apoyo de la ínclita.

Recuerdo una feria de Sevilla, donde Susana Díaz ordenó un vacío casi absoluto sobre Pedro Sánchez.  Y fueron cuatro leales a recibirlo a la portada de entrada del ferial. U otra feria de Jerez, en la campaña de las elecciones municipales de 2015, cuando Susana Díaz quiso impedir que se fotografiara con la candidata socialista a la alcaldía, Mamen Sánchez, en el real.

Fueron muchas como esas e incluso peores. La especialidad de la trianera era no cogerle el teléfono y contarlo entre jijiji y jajaja entre sus mariachis.

Una especie de estrategia de cocinarlo a fuego lento con una prensa entregada a sus encantos y a los vellones presupuestarios andaluces con los que financió esa imagen de ‘mujer de Estado’ en los mentideros madrileño.

Digo que ahí, en el maltrato público, continuado e inmisericorde que sufrió como secretario general del PSOE, empezó la victoria posterior de Pedro Sánchez sobre Susana Díaz, porque llegó crudamente a la mayoría de la militancia una historia de traiciones y deslealtades, que convirtió al actual líder socialista en un mártir de la causa y a la sevillana en Cruela de Vil.

Superadas las primeras dudas tras asimilar su decapitación política sumergiéndose en un lago y tras cometer el error de conceder una entrevista a Jordi Èvole en Hermanos Díaz -inicialmente no quería presentarse porque temía que lo machacaran personalmente-, Pedro Sánchez arrancó el motor de su coche de nuevo y el 21 de mayo de 2017 le dio una soberana paliza electoral a la lideresa andaluza, y abrió definitivamente un nuevo tiempo en su cofradía política.

Aquella escuela de sufrimiento y de maniobras orquestales en la oscuridad le curtió políticamente -cuando llegó en 2014 le faltaba todavía algún hervor-, y, sobre todo, le ha servido para sobrellevar a una oposición facha e insufrible y un pacto de Gobierno que nunca quiso con Unidas Podemos -visto lo visto, hasta Yolanda Díaz va a sumar con dificultades con ellos-. Y también con unos socios de investidura demasiado inestables, sobre todo ERC, que cada día que pierde apoyos en Cataluña Pere Aragonès te monta un circo en Madrid: ya sea por Pegasus, la ley audiovisual, el 25% de castellano o el escaso grado de independentismo en la rumba catalana.