Entre leones

Votar contra las encuestas

El candidato por el PSOE a las generales en Andalucía, Juan Espadas (c), preside un acto de campaña que ha convocado el PSOE en el palacio de congresos de Córdoba este domingo. EFE/Rafa Alcaide

La democracia es un sistema donde la gente vota y a veces te gusta lo que vota y otras, no. Pero siempre hay que respetar el resultado. O al menos eso dice ‘el manual del buen demócrata’, una serie de normas no escritas dictadas por el sentido común.

En Andalucía, según las encuestas, ganarán el PP y Vox: los populares por ese cambio tranquillo, casi al tran-tran de los biorritmos políticos de Juanma Moreno, y la tropa de Abascal y Olona por el voto de castigo contra lo bueno y lo malo que representa.

Las encuestas huelen que apestan (las derechas siempre han sabido negociar el signo de estas prospecciones demoscópicas) y dan poco margen a que el resto puedan protagonizar el relato del 19-J. De hecho, de forma machacona desmovilizan una y otra vez el voto progresista favoreciendo el hundimiento de las izquierdas para allanarles el terreno a sus patronos.

Tan mal fario propicia que el boca a boca se haya instalado en el pesimismo. Por ejemplo, un buen amigo me contaba días atrás que en el Cerro del Moro, rojo por lo cuatro costados, en Cádiz capital, Vox puede arrasar después de una puesta en escena de esta formación tardofranquista en el corazón de la barriada con éxito de prensa y público. Puede que sea así y la gente de tan honorable lugar se haya tornado lumpemproletariado puro y duro. Pero tengo que verlo para creerlo: no me imagino a un personal tan castigado por la historia y la vida votando a favor de que les recorten derechos y libertades.

Mientras tanto, nosotros a lo nuestro, que suele decir Pedro Sánchez a los suyos. Ante el 19J, las fuerzas progresistas están obligadas a pelear incluso contra el tongo que persiguen las encuestas.

Juan Espadas, el cabeza de cartel del PSOE, tiene la obligación de poner toda la carne en el asador para revelarse contra un resultado que parece cerrado. El ex alcalde de Sevilla representa a un socialismo sensato y moderado. Es un tipo decente, un gestor notable.

Inma Nieto, número 1 de Por Andalucía, es lo mejor de una izquierda perdida en un laberinto de taifas. Política seria y competente. Más a la izquierda me caigo por los bloques (de Cádiz), aunque no puedo dejar de mencionar a Teresa Rodríguez, líder de Adelante Andalucía.

A la alternativa progresista le hubiera venido mejor que estas dos formaciones hubieran bebido de las mismas fuentes que Yolanda Díaz, ¿no?

En cualquier caso, todos ellos, Espadas, Nieto y Rodríguez, juntos y revueltos o solo juntos, representan una opción mejor que una coalición del PP y Vox, un cóctel que, sin llegar a ser Molotov, es lo más parecido a dinamita para los andaluces.

¿Se imaginan a Moreno Bonilla arrastrado un día sí y otro también por el tremendismo de Olona? ¿Defenderá el malagueño, por ejemplo, la zona de prosperidad compartida entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar frente a una alicantina que está empeñada en cerrar la Verja gibraltareña sin temor a dejar a 11.000 trabajadores en la calle? ¿Cerrará Moreno Bonilla Canal Sur, por ejemplo, para dar satisfacción a Olona?

Si finalmente el PP resulta la fuerza más votada, no dudaría (si fuera Pedro Sánchez o Juan Espadas) en apoyar a Juanma Moreno para que gobernara en solitario para impedir la entrada de Vox en el Ejecutivo andaluz con mando en plaza.

Pero me temo muy mucho que el nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, lleva tiempo en la campaña de blanqueo de la extrema derecha y no impedirá la entrada del tardofranquismo en el Gobierno andaluz.

Si actuara contra Vox, a lo peor Isabel Díaz Ayuso le monta un lío (aprovechando quizás un nuevo negocio de su hermano) y lo manda con Casado, allende de nuestras fronteras y de la política. Al ‘carallo’ en galego.