Matar a perros, apalear sin techo, torturar trabajadoras

Hay luchas hermosas por que son como un buen cuento en donde ganan los buenos e incluso las derrotas saben a victoria. Donde los buenos son buenos porque lo que reclaman está lleno de justicia. Son buenos porque no quieren ser víctimas, sino que están llenos de dignidad. Y la lucha, además, acaba bien. Porque están tan convencidas de su razón que no les duele el hambre ni les asustan las amenazas. Tienen tantas razones que han sido capaces de llevar a los parlamentos a gentes que piensan como ellas. En ese cuento con final feliz están las kellys, las que limpian. Esas camareras de hotel que tienen una pelea abierta que van ganando paso a paso como sus hermanas espartanas de Coca-Cola. Sufren todavía la reforma laboral de 2010 que hizo el Partido Popular. Por culpa de esta degradación del empleo, no llegan al salario mínimo, no pertenecen a la plantilla del hotel en donde limpian y apenas reciben un euro y medio por habitación hecha. No pueden quejarse ni lamentar un problema porque el gerente les dice en el pasillo donde han limpiado: no perteneces a esta empresa.

Si fueran hombres, no recibirían ese salario de hambre. Pagar por debajo del salario mínimo es torturar a la gente. ¿Escuchan señores de la patronal de hostelería? Los que tienen a trabajadoras con salarios de hambre, sin derechos laborales, trabajando con luxaciones o lumbago están en el equipo ampliado de esos bárbaros que ejercen violencia contra las mujeres y nos estremecen.

¿Por qué no nos estremece esta violencia cotidiana contra las mujeres? ¿Por qué estamos acostumbrados a que nos limpien en casa mujeres también invisibles? Ni la reforma laboral del PP ni las del PSOE sirven a estas trabajadoras. Por eso hacen huelga, porque están cansadas de tanto maltrato y porque les agotan los hipócritas que se duelen por la violencia evidente y no ven la violencia estructural. Somos un país que vive del turismo y todos nosotros hemos dormido en esas habitaciones que una Kelly ha limpiado. Por un euro y medio.

Hoy la guardia urbana de Barcelona ha reducido con violencia a un sin techo al que acompañaba un perro. Un policía que no debe de ser el más inteligente de su promoción ha entendido que la mejor manera de acallar la angustia del perro era pegándole un tiro. PACMA ha convocado una concentración en Barcelona donde cientos de personas se han quejado, con razón, de la muerte del perro. No he visto un solo cartel recordando el maltrato a ese sin techo golpeado por la policía e inmovilizado en el suelo ese sobre el que duerme. He querido que todos esos policías encima estaban arropándole en esta semana del infierno con el frío que ha caído sobre la península. Hay mucha gente de buena fe se ha acordado de la mala suerte del perro, pero nadie parece acordarse de la mala suerte del sin techo.

Menos mal que vienen las Navidades y aprovecharemos todos para querernos un poco más. Ya no nieva, pero no estaría nada mal que cayeran unos cuantos copos de conciencia.