Una sentencia del, por y para el bipartidismo

La sentencia del Procés es una sentencia del, por y para el bipartidismo. Las elecciones del 10N quieren que sea las de la Restauración. Y Catalunya debe ser el cemento que junte a las derechas y al PSOE. Por eso la derecha pide que se declare el estado de excepción. Como en tiempos de Franco. Y Ábalos, que podía perfectamente estar en la derecha, dice que en Catalunya ya está ETA. Volquetes de miedo. El PSOE de Sánchez es idéntico al que esperábamos de Susana Díaz. O peor, porque Susana Díaz no engañaba.

Todo el enredo con el procés tiene que ver con que los principales partidos políticos, PSOE, PP, CiU -luego Junts per Cataluña- y ERC han pensado solamente en virtud de sus intereses como partidos, en su supervivencia como maquinarias burocrática, como empresas que priorizan el mantenimiento de los puestos de trabajo de sus empleados y dirigentes. Sobre todo de los dirigentes. ¿A dónde van a volver a trabajar muchos de ellos si pierden el escaño o ya no pueden garantizar empresa pública a los que les han pagado los sueldos?

El postpujolismo desparlamentarizó las reclamaciones independentistas, sacando las quejas de las instituciones y llevándolo a las calles que estaban calientes con el 15M. El PP judicializó las reclamaciones de la Generalitat yendo al Constitucional y luego al Supremo, aprovechando que la corrupción estaba minando su credibilidad, que el IBEX 35 había decidido crear Ciudadanos porque ya no se fiaban de ellos y que llevan 25 años infiltrando la justicia. ERC espectacularizó el procés llamando Judas a Puigdemont restregándole las 155 monedas y luego no aprobándole los presupuestos a Sánchez. El PSOE electoralizó el procés convocando elecciones justo después de cuando se esperaba la sentencia, contando con que el gobierno de Sánchez no habría cumplido las promesas que le llevaron a ganar las elecciones y necesitaba algún asunto que les permitiera armar un relato para invitar a las urnas. Claro, y con la exhumación de Franco después de cuatro décadas. Justo ahora.

En esta estrategia, los partidos siguen pensando en su pequeña provincia empresarial. Ciudadanos está en caída libre no por sus errores, sino porque no obedeció y en cuanto le han quitado el apoyo mediático se ha hundido. El PSOE y el PP quieren recuperar el bipartidismo y les pasa como a la Coca-Cola y a la Pepsi-Cola, que hacen como que se pelean pero lo que no quieren es subirle el sueldo a los trabajadores ni que la gente consuma zumos naturales o agua del grifo. Por eso, el PSOE y el PP están de acuerdo con la sentencia, porque están de acuerdo con los recortes de Bruselas, están de acuerdo en el Pacto de Toledo y no actualizar por ley la actualización de las pensiones al IPC, están de acuerdo en la ley mordaza (el PP la aprobó y el PSOE no ha querido derogarla), están de acuerdo con la reforma laboral (el PP la aprobó y Sánchez ha dicho que hace falta flexibilidad empresarial porque viene una crisis), están de acuerdo con el voto rogado (porque la gente que se ha tenido que ir a trabajar fuera de España no les va a votar a ninguno de ellos) y están de acuerdo con no publicar la lista de la amnistía fiscal, con defender la monarquía, con evitar que Villarejo comparezca en el Parlamento o con dar facilidades a los fondos buitre aunque suban los alquileres y desahucien a los españoles y a los catalanes.

La derecha se ha hecho más de derechas con el diálogo con VOX, pero a Casado le basta dejarse barba para lavar los 1000 imputados por corrupción, los títulos falsos y la sede pagada con dinero negro. Y Nadia Calviño, Ábalos, Page o Lambán podían perfectamente estar en el PP. Como Pedro Sánchez, porque pactará con el PP y dirá que lo hace para gobernar desde la izquierda.

La sentencia del procés es una sentencia para que regrese el bipartidismo, para que las protestas, cualquiera, se criminalicen, para que el PSOE y el PP se repartan el poder como en el turnismo de Cánovas, para volver a intentar que Podemos desaparezca, para que Catalunya y el País Vasco, donde el PP y el PSOE son marginales, se subordinen y donde este país, como después del 23F, se discipline. Porque en este país nos disciplinan con misas, con golpes de Estado, con sentencias o cansándonos.