Juegos sin reglas

Fuegos artificiales

Estos meses, por la apatía que provoca la situación real, visible en los medios, parte de la sociedad ha vivido una desconexión de la actualidad, en algunos casos, con una mirada hacia otras etapas históricas, como ya se hizo en el Renacimiento con relación a lo grecolatino. Y es que no es la primera pandemia con la que nos cruzamos los humanos en nuestro paso por el planeta.

La plaga de Atenas, que mató a Pericles, ayudó a que Atenas perdiera la guerra del Peloponeso. La peste de Justiniano colaboró en poner fin a la Antigüedad e iniciar la Edad Media. La gripe española tuvo una actuación notable en la finalización de la Primera Guerra Mundial. El VIH -refiriéndonos a la zona occidental del mundo, en otras sigue siendo una cruel realidad- que, por un lado, cambió la forma de entender el sexo hacia un tipo de relaciones más seguras, por el otro, generó una estigmatización hacia parte de la población LGTBIQ+ desde los ochenta.

Hace unos meses vi un cartel en el palacio de Sástago en Zaragoza con la frase "Después de la peste vino el Renacimiento" y me hizo reflexionar. La peste negra o bubónica, quizás la más famosa de todas las pandemias dio lugar, según muchos historiadores, al Renacimiento (por su nombre, tiene sentido) y generó cambios en diversos ámbitos:

El desconocimiento sobre la génesis y curación de la enfermedad por parte de los galenos y médicos de entonces generó una crisis de confianza en la ciencia y medicina medieval.

El abandono por parte de la institución de la Iglesia hacia los enfermos y la soledad de éstos, bien por el miedo del resto de los ciudadanos al contagio, bien por la muerte de sus familiares y allegados, potenció un giro hacia el individualismo en una sociedad que anteriormente se regía por comunidades.

Curiosamente, como se ha dado también en momentos de esta pandemia actual, un éxodo masivo hacia el campo tuvo lugar, debido, en el siglo XIV, a que la mayor concentración de infectados y cadáveres se encontraban en la ciudad, además del deterioro de la misma. La naturaleza era un facilitador de la vida en ese momento.

-Aunque en la actualidad el desplazamiento a lo rural ha sido aparentemente temporal, ha hecho que muchas personas comprobasen que se puede habitar allí, unido a la posibilidad del teletrabajo que lo ha hecho más tangible. Por otro lado, ha visibilizado las deficiencias relativas a comunicaciones y telecomunicaciones que las zonas rurales tienen como no ser en contraposición con el ser urbano. Espero, personalmente, que empiecen a solucionarse después de que los pertenecientes al ser de la ciudad hayan sentido en sus carnes la necesidad del no ser-.

La peste negra también conllevó una necesidad de cambio en la técnica, la creación de nuevas tecnologías y un interés elevado por la ingeniería debido al descenso de población trabajadora. -Hace relativamente poco, en un evento de diseño aragonés, el Diseña Forum, explicaron que ya se estaba avanzando, antes de la covid-19, hacia tecnologías no touch y, probablemente, la actual pandemia lo haya acelerado todavía más-.

En cuanto a la sociedad, hubo una movilidad social entre clases que no hubiera sido posible con anterioridad; una burguesía, que sería poco ética actualmente por sus usurpaciones, supo aprovechar la oportunidad y se hizo fuerte. Se deterioró el feudalismo, lo que derivó en cambios en las tipologías familiares, de familias muy extensas a otras cuyxs hijxs sin herencia iban a conventos u otras instituciones que permitían tipos de vidas alternativos al tradicional modelo hetero-monógamo.

Y el arte, ¿cómo no?, debido a lo anterior y ejerciendo como espejo de las inquietudes de los humanos, dejó de representar escenas bíblicas y a Dios para empezar a representar el cuerpo y proporciones humanas, así como elementos de la naturaleza; se reflejaba la naturaleza como vía de escape y el hombre como símbolo del antropocentrismo que había surgido.

Las pandemias han ayudado a cuestionar aspectos de nuestras vidas y han catalizado cambios en nuestra limitada visión de mundo, antropomórfica y occidental:

En cuanto al pensamiento, las consecuencias de estas enfermedades han metamorfoseado creencias, imaginarios colectivos y ideas arraigadas de las gentes y en las mentes. Cabe preguntarnos: si durante esos acontecimientos patológicos, entraron en crisis la Iglesia, la ciencia medieval, la medicina, el sistema de organización económico… ¿Qué es lo que ha entrado en crisis esta vez? ¿Qué parte de la sociedad actual se ha quedado en bragas?

En cuanto a la alteración del devenir de la historia, las epidemias han provocado también transformaciones en la sociedad (reitero que son enfermedades que, sobre todo, nos afectan como humanos y podrían no afectar -o incluso beneficiar- al resto del planeta o universo). Catalizan cambios, pero no me atrevo a decir si estos son a mejor o a peor, ni siquiera me atrevo a definir que es "mejor" ni "peor". ¿Qué es el avance? ¿Qué es "avanzar" y qué "retroceder"? Quizás se vaya hacia delante en unos ámbitos y para atrás en otros. Quizás sea como aquel ser mitológico asturiano "el Nuberu" que camina dando dos pasos hacia delante y uno hacia atrás, o como una partida de un juego en el que, para ganar, se deba sacrificar o arriesgar parcialmente, no se pueden usar todas las piezas o cartas, hay que desechar algunas. Caso claro el del VIH donde hubo avances en unos aspectos y retrocesos en otros.

¿Si se "avanza" en tecnología y defensa, se "retrocede" en la conservación del medioambiente? ¿Si se "avanza" en seguridad, se "retrocede" en libertades civiles? Tenemos piezas o cartas del juego como: tecnología, medioambiente, seguridad, bienestar, ciencia, espiritualidad, salud mental, esperanza de vida, humanismo (término que, a veces, entra en antilogía con las acciones realizadas por los humanos), libertades civiles y libertades sexuales o afectivo-amorosas, entre otras. ¿Debemos arriesgar unas para ganar con otras? ¿No todas tienen cabida en el mismo tablero?

Hace siglos no existía el término de poliamor, ni el de homosexualidad, (ni siquiera el descalificativo de sodomía) y sí existían prácticas que actualmente serían consideradas como tal. La palabra sodomía comienza a ser usada cuando la Inquisición comienza a castigarla, la palabra homosexualidad, en 1869, en un panfleto contra la Ley anti-sodomía publicada en Prusia, y el término poliamor, en parte, cuando ha necesitado ser reivindicado como forma de vida. El poder o biopoder parece estar cada vez más presente en ámbitos más internos de nuestras vidas.

Me gusta pensar que, en un futuro utópico, no serán necesarias las etiquetas porque nadie tendrá que definirse como "algo" para no sentirse solo, ni habrá que reivindicar modos de vida, a "los demás" no les importará. Pero, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que ese mundo utópico quizás esté ubicado en el pasado. O quizá no. Puede que sea inevitable jugar primero con unas piezas para poder sacar las otras cuando el tablero de juego no sea terreno hostil.

Aunque antes de la pandemia actual ya hubiera signos sociológicos e incluso místicos o astrológicos que nos advertían que estábamos en un periodo intermedio o de cambio, puede que sea la covid-19 el "THE END" de la era -desgraciadamente, ya podríamos haber acabado la era con unos fuegos artificiales y no con una pandemia-. En cualquier caso ¿estaremos "avanzando"? ¿en qué ámbitos? ¿hacia una utopía o hacia una distopía?