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Las renovables como factor de paz

Más allá de posiciones políticas cerriles que atentan contra la salud pública, como está sucediendo en la capital con la suspensión de Madrid Central tras el ascenso de PP y Ciudadanos al poder, la lucha contra el cambio climático se enfrenta a retos geoestratégicos.

Si analizamos la disposición geopolítica actual no es difícil comprobar cómo la localización de los recursos naturales y, más concretamente, de los combustibles fósiles tienen mucho que ver. La necesaria transición energética que tenemos que vivir, encaminada hacia las fuentes de energía renovables, podría dar un giro copernicano a la relación entre los países. ¿Se imaginan a países como Arabia Saudí sin su posición de fuerza obtenida como gran reserva petrolífera?

Buena parte de los conflictos bélicos de los últimos años vinieron motivados, precisamente, por el control de estos recursos naturales, por mucho que los abanderados de la democracia expusieran otros fines más loables. Abrazar la energía limpia, desplazando al petróleo y el gas, evitará buena parte de los conflictos armados que hemos vivido en los últimos 100 años. Un informe de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA) pone de manifiesto cómo las renovables son un promotor de la paz. A fin de cuentas y como explica el informe, el petróleo puede reforzar las desigualdades existentes y brindar la oportunidad para los actores externos para exacerbar aún más la tensión en las regiones productoras de petróleo.

El giro hacia las fuentes de energía renovables supondrá una mayor independencia energética de los países, si bien es cierto que algunos, como España, se encuentran aletargados sin aprovechar circunstancias como ser el país europeo con más horas de sol (y, en cambio, Alemania nos gana por goleada en producción de energía solar).

Si son capaces de reorientar sus estrategias energéticas, muchos países se verán liberados del yugo del petróleo; otros, en cambio, verán su balanza comercial en números rojos. Aquellos países que hayan vivido durante décadas a la sopa boba del petróleo, tienen ante sí un desafío extraordinario. Emiratos Árabes, por ejemplo, ya ha diseñado un plan de ‘descarbonización’ del 70%, pasando a generar un 44% de la energía que consuma en 2050 a base de renovables. Mucho más complicado lo tendrán otros países con menos músculo financiero para hacer frente al reto, como es el caso de Nigeria, Angola o Gabón.

En todo caso, se abre una puerta a la esperanza, dado que buena parte del crecimiento de producción de energía limpia se está produciendo en economías emergentes; esto se puede ver, por ejemplo, en países como Chile, que ha sabido entender que no se trata únicamente en sustituir una fuente de energía por otro, sino en cambiar todo el modelo. España, en este sentido, está en pañales por el poder de las eléctricas, sus puertas giratorias, un daño atroz por el impuesto al sol del PP –afortunadamente ya derogado- y una inseguridad jurídica generada por el PSOE que arruinó a muchas personas como el popular actor César Vea, en la actualidad en huelga de hambre.

Ese cambio de modelo implica dar acceso a la energía a personas que hoy no lo tienen, desterrando esa horrible etiqueta de ‘pobreza energética’ –la pobreza es pobreza-, generando millones de empleos –en todo el mundo las renovables ya emplean a más de 10 millones de personas– y contribuyendo a reducir el calentamiento global. Por eso es tan complicada la lucha contra el cambio climático… nunca antes los poderes fácticos se vieron tan amenazados.