Opinión · La oveja Negra

‘Un diamante al rojo vivo’: una de las mejores comedias negras de la historia

Recomiendan los entendidos (a los que yo cada vez entiendo menos) leer primero el libro y luego ver la película. Según ellos, es el orden natural de las cosas. He de confesar que yo, con Un diamante al rojo vivo, lo hice al revés. No premeditadamente sino de forma inconsciente, que es como surgen las cosas más divertidas en esta vida. De aquel primer visionado recuerdo el intenso dolor en el estómago por no poder parar de reír con la escena del “pollito”; la ya mítica frase “Afganistán, babana stan”, que seguimos utilizando mis amigos y yo como contraseña; o el instante en el que descubrí que la felicidad es ver a Robert Redford caminar despreocupadamente por las calles de Nueva York con un diamante en el bolsillo.

Años más tarde leí el libro. Y, como suele suceder en estos casos, era mejor y, sobre todo, se disfrutaba durante más de dos horas. Porque Un diamante al rojo vivo, del gran Donald Edwin Westlake y editada por RBA, es una de las novelas más divertidas que he leído nunca. Sufría continuas interrupciones en su lectura. Las lágrimas provocadas por la risa me impedían enfocar el texto.

John Dortmunder, ladrón profesional, acaba de salir de prisión. Su colega Kelp le propone un nuevo y espectacular trabajo: robar un famoso diamante, conocido como Balabomo que se disputan dos países africanos. Para ello reúnen a una banda compuesta por personajes de lo más extraño. El plan es perfecto, nada puede fallar. Y sin embargo, el diamante parece estar maldito, todos los intentos por hacerse con él fracasan estrepitosamente una y otra vez. Pero Dortmunder y su banda no se rendirán jamás. Utilizando todos los medios que se les ocurran: Por tierra, mar y aire. Literalmente.

Un diamante al rojo vivo es una obra maestra de uno de los más grandes escritores que ha dado el género negro: Donald Westlake. Un genio con un don para cambiar de registro creando personajes antológicos como el Parker de A quemarropa (firmada por Richard Stark, pseudónimo de Westlake), ejemplo de tipo duro, implacable y cruel; y el propio Dortmunder, el ladrón al que todo parece salirle mal, aunque solo son apariencias. Un diamante al rojo vivo es una comedia repleta de equívocos y momentos surrealistas que demuestra que el humor también tiene cabida en el noir. Una maravilla que se ha convertido en un clásico del humor y de la novela negra. Porque “Un diamante al rojo vivo” no es un libro. Es una necesidad.