Opinion · La preguntadora

ALEGALIDAD COBARDE

Marta Nebot

Aún a riesgo de que se me echen encima las feministas dominantas (ésas que se creen con derecho de decirles a las demás cómo tienen que hacer las cosas) y otros bienpensantes, me atrevo a confesar que creo que la prostitución en sí no se debe prohibir –y menos con la que está cayendo- porque el sistema no debe impedir a la gente buscarse la vida cuando no se la resuelve. Allá cada cuál siempre y cuando no haga daño. El tutelaje estatal me parece que se está pasando.

Ayer las prostitutas madrileñas se manifestaron, una vez más, (ya lo hicieron en 2002, 2003, 2004, 2005 y 2007) contra el “acoso” municipal. La alegalidad de esta actividad resulta muy conveniente para los ayuntamientos. Cuando conviene que no se vea –por ejemplo, si viene el Papa- se incrementa la presión policial, se multa más y se las ve menos.

El vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, afirmó al enterarse de la convocatoria  que escucharía las quejas de las prostitutas, pero que “nunca” les habilitaría un espacio en la vía pública para ejercer, tal y como reivindican, “porque hemos entendido la esclavitud que muchas mujeres tienen en ese ámbito”. Lo que viene a ser, una vez más, juntar peras con manzanas: la esclavitud es una cosa y la libertad sexual es otra y resulta que la ejercida de esta manera es un hecho histórico. En Ámsterdam tienen su Barrio Rojo y es un gran ejemplo. Las prostitutas de Madrid quieren su sitio, pagar sus impuestos y tener los mismos deberes y derechos. ¿Qué tiene que ver eso con la esclavitud? Cuanto más legales sean menos riesgos corren.