Opinion · La preguntadora

LA ENTREVISTA GLOBAL

La entrevista de Ana Pastor al Presidente de Irán para TVE demuestra que la globalización puede ser buena… Gracias a ella, un dictador oriental se sentó frente a frente y a la misma altura de una periodista occidental y, como resultado, un hombre, que ordena lapidaciones de mujeres y que impone leyes que las ningunean, fue interrogado por una libre e inteligente que, además, no se amedrentó ni por jugar en casa del peligroso entrevistado, ni por sus argumentos –indiscutibles- sobre el apoyo occidental, durante décadas, a las dictaduras que hoy están en jaque por la sublevación de sus pueblos. Él acudió decidido a mandar un único mensaje a Occidente: no intervengan más porque aquí ya han jorobado bastante. Ella lo hizo dispuesta a hacer bien su trabajo: repreguntar sin tregua sobre lo más difícil (sus desaparecidos, lapidaciones, ejecuciones de homosexuales, intervencionismo en otros países, falta de libertades…). Pero, además, sin quererlo o queriendo, lanzó un mensaje a Oriente sobre la capacidad intelectual femenina y su valentía -indiscutible también- (no se calló ni cuando le regañó por su insistencia). Y, como en las obras maestras de la realidad, las casualidades se convirtieron en símbolos perfectos: durante la batalla dialéctica el pañuelo, que por respeto ella se había puesto en la cabeza, se fue deslizando hasta sus hombros dejándola, al final, desnuda (para él) y sin disfrazar (para ella), mientras no había dejado de responder con sonrisas coquetas a las paternalistas con las que él no contestaba.