El siniestro sur de Flannery O’Connor

Cualquiera que haya leído los Cuentos completos de Flannery O’Connor (1925-1964) se lo pensará dos veces antes de poner los pies en el profundo Sur de EE UU. Quien se atreva a indagar en los abismos más profundos y los instintos más primarios de la especie humana, o quiera viajar a esos territorios en los que la piedad no halla refugio, encontrará una consistente materia prima en esta recopilación que Lumen publicó en 2005.

De vez en cuando, conviene dejar de lado las novedades literarias y recurrir a ese rincón en el que, tal vez, se acumulan bajo una capa de polvo libros que un día no nos dio tiempo a leer pero que reclaman nuestra atención desde entonces. A mí me ocurría con estos relatos de una escritora de la que sólo conocía su novela Sangre sabia, ampliación de una de las historias de este volumen (El corazón del parque) que John Huston adaptó al cine.

Purgar mi negligencia ha sido un placer amargo, fruto del contraste entre una escritura brillante y una temática aterradora, que surge de una galería de personajes inolvidables más por su crueldad que por su inocencia: predicadores, visionarios, racistas, retrasados, asesinos y niños, muchos niños, inocentes convertidos en víctimas perfectas o crueles predestinadas a ser verdugos.

En los cuentos de Flannery O’Connor nadie convence a nadie, cada cual carga con su intolerancia, las convenciones sociales no corrigen impulsos primarios, la religión es más una rémora de intransigencia que consuelo o norma de vida, y la comunicación verbal se pone al servicio de la intolerancia antes que de la comprensión.

En El barbero, a un profesor liberal, partidario de la igualdad entre negros y blancos, le reconcome la frustración porque es incapaz de defender sus ideas ilustradas de forma creíble ante la clientela ignorante de su peluquería. Por fin, dedica dos días a preparar sus argumentos, pero fracasa otra vez al exponerlos y, exasperado, recurre a la fuerza bruta. En Un círculo de fuego, tres niños sin otro interés que fastidiar al prójimo o dejarse arrastrar por su último impulso, queman un bosque tras acosar a dos mujeres y una niña. En Un hombre bueno es difícil de encontrar, un individuo conocido como El Desequilibrado, a la medida de los hermanos Coen, mata con sus secuaces a toda una familia, y aún tiene cuajo para comentar tras disparar tres tiros a una anciana: “Habría sido una buena mujer”.

Consumida por una enfermedad que la mató antes de cumplir los 40, Flannery O’Connor, uno de los gran des nombres de la literatura norteamericana, vivió sus últimos 13 años dedicada a escribir historias como estas en una granja de Georgia, en un Sur convertido en escenario de su prodigioso desfile de monstruos.