Luna Miguel

Esto es muy raro

A mí no se me dan bien las matemáticas pero hay cosas que sí sé calcular y es todo lo que me he gastado en transportes desde que vivo en Madrid. Unos 1700 euros, más o menos. También sé calcular lo que me he gastado esta semana que no he comprado el abono transportes joven y que viajo como uno más entre Cercanías, Autobús y Metro... y es mucho. Es muchísimo. Es tanto, tanto, tanto, que dan ganas de tirarse a las vías o de no prestar la atención que te piden los loquendos y meter el pie y caerse en una estación en curva, dan ganas de quedarse atrapado en el torniquete y no saber ni poder salir jamás de esas estaciones a las que tanto echaré de menos cuando me vaya de la Capital. Joder. Esto es muy raro. He oído conversaciones de gente que ha preferido caminar mucho antes que pagar un viajecito de nada. He visto lágrimas frente a las máquinas de los billetes al marcar el precio. He visto cosas que no creeríais. Y he imaginado un futuro en el que el Metro de Madrid será sólo un lujo para algunos. "Por favor", dirán ustedes al banquero "necesito una hipoteca para mi abono transportes B3". Y el banquero se reirá. Y la Comunidad se reirá: há há há. Y el mundo tal y como lo conocemos habrá acabado... Obviamente exagero. Esto nunca va a pasar. Exagero mucho para no ponerme triste y melancólica. "Queridos nietos, yo sólo pagaba euro para subir al Metro", y "cállate vieja", me dirán. O bien: "bajándome en cada estación, me gasté más de veinte duros, viva el metro, es mi pasión", que cantaba Kaka de Luxe, a principios de los 80 o incluso antes. No puedo recordarlo. No habíamos nacido pero ya estaban indignados.

Lo que no se imaginaba Kaka de Luxe es que treinta y pico años después y durante la visita de un papa las cosas cambiarían porque para los jóvenes peregrinos de la JMJ el transporte es casi gratis, qué afortunado el teen-católico. Ya estaba enfadada por los privilegios y el buen trato a toda esta gente, y lo que me enfada no es que les traten bien a ellos por ser ellos, sino que desprecien a otros jóvenes, otros movimientos y al resto de ciudadanos que desde el 8 de agosto tendrán que pagar un euro con cincuenta para viajar por su ciudad.

Trabajar en Madrid y soportar su hostil transporte es el verdadero peregrinaje diario. ¿Hola? ¿Comunidad de Madrid? ¡Somos tus ciudadanos! Y sabemos que lo sabéis: estamos aquí.