Fuego amigo

Estamos ahumados

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Si no nos mata el humo del tabaco lo va a hacer el humo que está soltando a diario el gobierno, no en pequeñas dosis, sino en enormes cortinas. Cortinas de humo, como dice González Pons, el elemento más elegante de la extrema derecha incardinada en el Partido Popular. Si no fuera por este caballero, nunca hubiera sospechado que esa opresión mañanera en mis maltrechos pulmones se debe a la manía de Zapatero de lanzarme el humo a la cara, no a bocanadas, sino en cortinas, como los de las Azores nos envían anticiclones por oleadas.

Según Pons, el gobierno sería como los calamares, que se ocultan del enemigo que le acosa (PP) soltando una cortina de tinta, el humo en los espacios abisales. Cuando en la primavera del 2009 ya arreciaba para el PP el caso Gürtel, el secretario de Comunicación nos lo advertía: "Los ciudadanos que son o pueden ser víctimas del paro saben lo que tienen que votar y no se van a dejar cegar por cortinas de humo judiciales o periodísticas".

Meses antes, en septiembre de 2008, cuando desde el gobierno se insinuó la posibilidad de debatir en esta legislatura una variante del suicidio asistido, lo comparó con "liquidar al personal con cargo a la Seguridad Social" y, lo que es peor, "otra cortina de humo con el fin de ocultar otras cuestiones como el paro".

Ahora, la operación Galgo contra el dopaje, "es otra cortina de humo" con el fin perverso de que sus críticas al gobierno sobre el caos generado por los controladores lleguen amortiguadas. Para este elemento ilustre de la extrema derecha pija vale todo con tal de atosigar al gobierno: aunque sea acusando de prevaricación a jueces y policías.

Sentido de estado se llama a eso.