Fuego amigo

Ser español es más serio que ser chino

 

Hay gente que no ha conseguido pasar del prólogo de El Quijote pero que es capaz de insertar en una conversación varios párrafos del libro con alguna de las sentencias del ingenioso hidalgo. Y no digamos de Mark Twain o de Oscar Wilde, de los que muy pocos sabrían repetir el título de alguno de sus libros pero que se saben de corrido decenas de sus frases brillantes. Es una forma de leer, al fin y al cabo, directos al grano, una lectura de tan solo lo que después son capaces de tararear, como las arias en el caso de la ópera, que todo el mundo espera ansioso mientras soporta una ininteligible sucesión de diálogos entre la soprano y el tenor.

 

(Inciso. Atribuyen a Ionesco la siguiente, más o menos, frase burlona: "Dicen que yo he inventado el teatro del absurdo, pero no es verdad: la ópera ya estaba inventada varios siglos antes").

 

Sin embargo, con el libro de Mariano Rajoy, presentado ayer, no podremos quedarnos con ninguna frase ingeniosa, por el pequeño detalle de que no las tiene. A esa conclusión han llegado los colegas que han leído el libro por mí. En ese sentido es una obra maestra de la sinceridad, pues según la mejor definición que he oído, su autobiografía es tan aburrida como su biografía; eso sí, sin faltas de ortografía, tan del gusto de Esperanza Aguirre, aquella ministra de Educación y Cultura del gobierno de Aznar. ¡De Educación y Cultura!

 

Como, visto lo visto, del libro no hay ningún aria que recordar, creo que lo mejor fue la presentación que hizo de él ayer en Madrid, y que retrata al personaje que nos quiere gobernar. Según Mariano, el rey de la caspa nacionalista, "hay lugar para el optimismo porque España tiene españoles, y eso es una cosa muy seria".

 

Debería darse una vuelta por mi barrio, donde local que cierran lo abren al día siguiente los chinos o los sudamericanos. Sí, ser español es una cosa muy seria. Aunque, a lo mejor, si nos riéramos más...