Fuego amigo

Unos príncipes herederos divinos

 

Si yo os dijese que lo más sensato sería que la presidencia del gobierno se heredara de padres a hijos, empezaríais a sospechar de mi salud mental. Y sin embargo, casi la mitad de los españoles acepta sin rechistar que la jefatura del Estado sea hereditaria, sin consulta previa a los ciudadanos o a sus representantes en el Parlamento. De esta manera, la monarquía acaba siendo una lotería, en la que nos puede tocar un rey inteligente y sabio o un Juan Carlos de Borbón.

 

Es un disparate, pero para que las naciones gozasen de la consideración de patrimonio particular de los reyes, y los ciudadanos recibieran el maltrato de súbditos, las monarquías absolutas se inventaron un origen divino, con la connivencia de las religiones que las amamantan.

 

El obispo y pensador francés del siglo XVII Jacques Bossuet, para afianzar el servilismo del clero con el poder, construyó todo un edificio doctrinal al servicio de Luis XIV, doctrina que luego heredaría el primer Borbón en España, Felipe V: "Los príncipes actúan como ministros de Dios y son sus representantes en la Tierra. Por eso, el trono real no es el trono de un hombre sino el trono de Dios mismo".

 

En Bildu no quieren recibir ni ver en el trono a otro Felipe de Borbón, no porque sea el representante de ningún dios, como un papa laico, sino porque "los príncipes de Asturias son el símbolo de la negación de este pueblo". El suyo, se entiende. Y luego nos descojonamos de Mariano y su infantilismo nacionalista.

 

Y es que el ultra nacionalismo tiene dos fronteras: las físicas y las mentales. A los de Bildu les hubiese bastado con decir que los monarcas y sus herederos son siempre ilegítimos, en cualquier país, en cualquier edad, para que no se les notase la caspa mental debajo de la boina. Y mira que en esta ocasión lo tenían fácil.