Merienda de medios

El espía tonto

A Alberto Saiz, el jefe de los espías, no hay que echarle por su carísima cruzada contra el pez espada, ni porque use a los agentes para limpiar el verdín de su piscina, ni siquiera por esa manía suya de meter en nómina a todos sus sobrinos y a la hija del magistrado que controla sus operaciones. A Saiz hay que darle el pasaporte por tonto, en afortunada expresión de Luis del Val en El Periòdic d’Andorra: "El Mortadelo que dirige a los espías no es un necio a secas, sino que pertenece al género de los necios engreídos, (...). Creen que un pedo se puede tapar con una tos".

Era fácil llegar a esta conclusión antes incluso de que el director del CNI fuera al Congreso con las facturas de su pesquería senegalesa y culpara de sus tribulaciones a los manglanos, una "estructura endogámica" dentro de la Casa que se resiste a sus cambios. La culminación de esta conspiración interna, con la que Saiz ha sido incapaz de acabar en cinco años, habría sido la dimisión de toda la cúpula antiterrorista. "Lo preocupante de verdad es si esa lucha se está traduciendo en una disminución de la eficacia y en la imagen", apuntaba Eduardo San Martín en Los Desayunos de RTVE. He ahí el quid de la cuestión.

¿Puede esta rebelión "lastrar el buen funcionamiento de unos servicios de los que tanto depende la seguridad interna y externa de los españoles", como advertía el editorialista de Diario Crítico? Evidentemente, sí. ¿Ha de tener el espía en jefe "una vida privada tan absolutamente clara, nítida y transparente que sea intocable, que no sea accesible al chantaje", como reclamaba Javier Nart en Onda Cero? Pues también. ¿Ambas razones aconsejarían que Anacleto hiciera mutis y se centrase en la pesca del besugo? Sin duda.

A estas alturas, la supervivencia política de Saiz es tan difícil como que a Pepe Oneto no le suene el móvil en una tertulia. A ello se refería Luis Herrero en la Cope. "El Gobierno toma nota de que este es un sujeto al que habrá que liquidar cuando haya silencio mediático y ambiental. Ya lo ha dejado entrever Zapatero con eso de que confía en él mientras esté".

Antes de Togo

Precisamente jugando a ser Zapatero,Jaime González escenificaba en la radio de Don Pelayo un pretendido diálogo con Saiz: "Me voy a Togo, pero antes de ir aTogo a enfrentarme con los mosquitos, tú no sigues en el puesto". Estos de Intereconomía son unos diablos, menos al mediodía, cuando rezan el Ángelus.