Modos y Modas

El fin de la posmodernidad

CUALQUIERA TE DICE NADA// ALBERTO OLMOS

En la Wikipedia hay una entrada de cientos de líneas referida al concepto de posmodernidad. Yo, precisamente por posmodernidad, la he leído en diagonal. No me he enterado muy bien. Si la leyera íntegramente creo que tampoco acabaría de comprender lo que los expertos consideran posmoderno. Lo que yo entiendo por posmodernidad es lo siguiente: el cinismo toma el arte, la solemnidad no existe y el artista es ya, de modo fatal, generador de cosas que, por el mero hecho de tener detrás un señor con gafas de pasta, son arte. Sus cosas pueden ser mierda (en sentido literal) o mármol; pueden ser latas de Sprite o plagios sucesivos; pueden no ser nada (una habitación vacía) o palabras tomadas de un catálogo de Ikea. Lo importante es que, cuando la obra se hace pública, una persona (el autor) ponga cara de: ¿lo entendéis? No lo entendemos. De hecho, yo no quiero entenderlo: quiero créermelo. Estoy harto de libros que no se pueden leer, de cuadros que no se pueden mirar, de películas que no se pueden visionar. De gilipolleces. Estoy cansado de que cualquier estupidez indefendible se haga inexpugnable a fuerza de ser posmoderna. Reconozco mi hastío ante un montón de niñatos masturbándose y diciendo que su semen tiene que estar en un museo o una biblioteca. La posmodernidad ha muerto; sobre todo cuando entiendes que detrás de esa palabra no hay otra cosa que provincianismo.