Cabeza de ratón

Los pobres también roban

En España no se corrompe el que quiere sino el que puede, la corrupción en España no es sistémica, en España no hay funcionarios cobrando "mordidas" detrás de cada semáforo o a la vuelta de cualquier esquina, solo en algunos semáforos y en algunas esquinas de la Administración. Una encuesta internacional sitúa a España a mitad de camino del infamante ranking de la corrupción pública, para corromperse hasta las trancas en España hay que ocupar un puesto de cierta relevancia y carecer totalmente de escrúpulos. No es corrupto el director de una sucursal bancaria que vendió preferentes o acciones de Bankia, a sabiendas de que solo se trataba de papeles mojados para timar a miles de pringados, los corruptos españoles son corruptos de élite, y sus esbirros meros aprendices que solo con aplicación total y obediencia absoluta pueden optar a un status de alta corrupción aunque solo sea en calidad de testaferros dispuestos incluso a pasar una temporada entre rejas para cubrir a los intocables. Como afirmó Gil Marín, hijo de Gil y Gil y heredero del Atlético de Madrid, digno hijo de su indigno padre: "En este país es muy difícil no tener antecedentes penales", es más, estos antecedentes pueden convertirse en datos positivos en un currículum y favorecer la contratación laboral del exconvicto para un puesto de confianza. Sin Gil y Gil, la Pantoja no estaría hoy en la cárcel y su Cachuli solo habría podido trampear sisando en las cuentas y las propinas de un bar de carretera.

Los inspectores de trabajo progresistas (que haberlos haylos) denuncian que sus responsables les fuerzan a perseguir a los parados que pudieran haber cometido alguna pequeña infracción y a hacer la vista gorda ante las empresas que firman falsos contratos y hacen trampas con los números y con los horarios. La idea motora de esta actitud parece ser la de demostrar que los pobres también roban y que no roban más porque no pueden, porque es la ocasión la que hace al ladrón, la ocasión y la necesidad. Los grandes corruptos roban sin necesidad porque saben encontrar magníficas ocasiones y no quieren desperdiciarlas, todo se aprovecha y hay que aprovecharse de los que no pueden hacerlo por sí mismos. Los grandes corruptos son insaciables, todos los capos de la corrupción podrían haberse retirado con grandes fortunas, no sé y creo que no sabré nunca la diferencia que existe en vivir con cien millones o  con mil quinientos en la cuenta, entre tener un yate o veinte yates amarrados en el puerto.

La campana que Rodrigo Rato hizo repicar para celebrar la salida a Bolsa de Bankia, no era una campanilla, era un cencerro para llamar a un rebaño de incautos que volvieron a picar. Cuando la cosmética sustituye a la ética, la apariencia se impone a cualquier esencia. Se maquillan cifras, contabilidades y conciencias y tanto maquillaje acaba cuarteando la fina epidermis de los grandes corruptos y hasta el atildado Rodrigo Rato empieza a parecer un zombi de Walking Dead huyendo de la cárcel. Nuestras ratas nunca se deciden a abandonar el barco mientras quede en su devastado casco algún botín que rapiñar, incluidos el timón y el ancla. Nuestro Rato ya había pescado ilegalmente en los mejores caladeros como el Fondo Monetario Internacional pero no pudo resistirse a la tentación de terminar de esquilmar a Bankia cuando se la pusieron en bandeja.

Once años ha tardado Carlos Fabra en ingresar en la cárcel para pasar una breve temporada a la sombra, su buena sombra, esa que le amparó varias veces con los premios gordos de la lotería, le acompañará en la prisión de Aranjuez donde seguramente seguirá siendo un respetado capo.

Ni Fabra, ni Rato, ni Ruiz Mateos, ni Díaz Ferrán, ni Bárcenas, ni la Pantoja, son los auténticos amos del cotarro. En un país en el que un gobierno presuntamente socialista amparó la "excepción Botín y terminó su mandato indultando a un banquero, se supone que de los putos amos no conocemos ni los nombres y los que creen saberlos no pueden denunciarlos impunemente sin correr el riesgo de tropezarse con ellos algún día, por ejemplo en un módulo carcelario al que les hayan llevado sus sospechas y sus denuncias. Como dice el proverbio chino: "El que sabe no habla y el que habla no sabe" (la que le puede caer encima).