Opinion · Mundo Rural s.XXI

La recomposición de las fuerzas políticas en el campo andaluz

Fernando Fernández Such (@FFernandezSuch).

Experto en Políticas Agrarias y Desarrollo Rural.

El resultado de las elecciones andaluzas anuncia un panorama político todavía más complejo que el actual.  El fraccionamiento de la derecha ya es un hecho en nuestro país y se ha producido de la manera más abrupta posible con la irrupción de un partido claramente de ultraderecha. El análisis de su reflejo en el medio rural está siendo una de las claves más repetidas, aunque para mí no ha sido realmente una sorpresa. Llevo interesado en este proceso desdeque hace un par de años me saltaron las alarmas. Publiqué un primer artículo con algunas claves que volvimos a retomar en un segundo artículo justo una semana antes de las elecciones andaluzas. La entrevista a Guillermo Pérez, experto analista del resurgir de la extrema derecha en Europa, publicado en “Cuarto Poder” me confirma en muchas de mis intuiciones con las que pretendo continuar en la reflexión.

La alta abstención, y que sea de nuevo una abstención del votante de izquierdas, ha condicionado el resultado final. Los datos disponibles muestran que en torno al 54% de la abstención corresponde con anteriores votantes de Izquierda Unida o Podemos, y el 33% con votantes del PSOE. Es un deber para las personas que militamos en estos partidos centrarnos en como volver a ilusionara toda esta gente.

Podríamos empezar por reflexionar si existe como tal el “voto rural”. El medio rural es muy diverso no solo entre los distintos territorios de nuestro país, sino entre las diversas zonas de la propia Andalucía. La realidad de los pueblos agroindustriales no tiene nada que ver con los de las zonas de serranía o montaña, o con las campiñas andaluzas. Por otro lado, no podemos seguir identificando el voto rural con el voto agrario. Si bien en estas comarcas rurales la población agraria es importante y puede oscilar en torno a un 16% – 18% y en algunas incluso puede llegar al 25%, en los pueblos hay muchos autónomos con todo tipo de negocios, y hay mucho parado y mucho eventual del campo, y también pensionistas, y gente joven que no sabe que será en el futuro, y hay maestros y abogadas, es decir, es hoy por hoy una sociedad plural. Esto significa que hay cazadores, y hay ecologistas, y hay montañeras, y gente a la que le gusta la pesca.  Pero, además, hoy el medio rural no es un entorno aislado y desconectado de lo que sucede en las ciudades. Para profundizar esta reflexión, hace tan solo unos días, Eduardo Moyano, investigador de referencia en el CSIC publicaba un artículo de reflexión que invito a leer.

No obstante, creo que la población rural si mantiene una relación mucho más estrecha y directa con la naturaleza que los habitantes de las ciudades y, además, tienen una percepción sobre ella distinta. Además de vivir en un entorno natural, muchas de las actividades cotidianas y de ocio de la población rural se desarrollan en la naturaleza, y una parte importante de las actividades profesionales tienen un impacto directo sobre los ecosistemas ya sea para bien o para mal. Por lo tanto, ciertos mensajes y propuestas sobre estos asuntos acaban teniendo mucho más eco en las poblaciones rurales que en las urbanas.

Por otra parte, los partidos políticos definen estrategias diferenciadas para llegar a la población rural. Aunque la gente que vive en los pueblos sea diversa, las fuerzas políticas focalizan sus discursos cuando se dirigen a ellas en cuestiones como; el desarrollo rural, la calidad y cercanía de los servicios públicos el sector agroalimentario, la pesca, la despoblación y tantos temas cuyo entendimiento es distinto en el medio rural. Pero, además, y sabiendo que es costoso y difícil llegar e influir en la tendencia tradicional del voto rural, buscan siempre maneras de acercarse, aunque casi nunca efectivas.

Tras las elecciones andaluzas parece que asistimos a una recomposición de las fuerzas políticas en el campo andaluz. Esta afirmación es importante puesto que rompe con el axioma clásico de la alta fidelidad del votante rural y, por consiguiente, de la estabilidad política del campo. A los partidos políticos les cuesta entender que las mayorías de gobierno del PSOE y del PP en este país se han construido sobre la suma de los diputados y diputadas que aportan las 30 provincias más rurales. El control de las Diputaciones y los programas y servicios que prestan a los pueblos pequeños ha sido uno de los instrumentos más útiles para mantener esta fidelidad política. Pero los datos parecen indicar que la estructura territorial histórica del PP y del PSOE se está rompiendo y la red clientelar que había sostenido el voto del PSOE empieza a no aguantar más, precisamente porque las demandas de la población que vive en el medio rural han cambiado, se han ampliado y ya no vale con mantener las cuatro recetas que sirvieron históricamente para fraguarlas. Habrá que esperar a las próximas municipales para ver si esta tendencia se consolida y el espacio político definitivamente se abre. ¿Veremos esta recomposición en otras Comunidades Autónomas como Castilla y León, Extremadura, Castilla La Mancha o Galicia? En todo caso, si se produce, algunas de las claves serán comunes.

Los datos generales de la distribución en Andalucía del voto rural, muestran el desplome del PSOE en las pequeñas localidades en las que pierde casi 10 puntos pasando del 44,3% al 34,4%.  Adelante Andalucía pierde 4,4 puntos y el PP pierde 3,6 puntos. La distribución histórica del voto rural se ha roto y han crecido con fuerza dos partidos que parecen haber conectado con la sensibilidad de una población a la que es difícil llegar, con mensajes muy muy similares, y tocando los mismos resortes culturales de una “falsa identidad rural”. Ciudadanos sube 9,3% y VOX irrumpe en el mundo rural con un 7,7% de los votos. Pero hay una segunda lectura. El PSOE cae bastante más en el mundo rural que en las ciudades y, curiosamente, Adelante Andalucía resiste mejor su caída relativa en los pueblos que en los núcleos urbanos.  El PP cae bastante más en las ciudades y Ciudadanos sube bastante más en el campo.  Por lo tanto, el mapa político rural empieza a cambiar.

Tercera Idea. La implantación municipalista en el medio rural es una de las claves para la consolidación de un proyecto político extenso y arraigado. Por el contrario, apoyar el trabajo municipalista tan solo en las ciudades puede ser efectivo en el corto plazo, pero vulnerable a la larga.  Pero construir proyectos municipalistas en el medio rural requiere; tiempo, dedicación, recursos, constancia, y sobre todo mucho sentido común para conectar desde el respeto y sin superioridad cultural ni moral, con la población en general y con las personas que lleva años trabajando y comprometidos en las zonas rurales.

Analizando el mapa del voto por municipios, se descubren muchos elementos positivos sobre los que avanzar. El rojo que identifica los municipios en los que el PSOE ha obtenido mayoría sigue dominando sobre los demás. Pero es importante destacar que hay 33 municipios rurales en los cuales Adelante Andalucía ha conseguido el voto mayoritario, y en otros 113 municipios rurales, “Adelante Andalucía” ha sido la segunda fuerza política más votada. Los dos datos son un buen punto de partida para extender un proyecto de izquierdas ilusionante para el mundo rural. En 82 municipios Adelante Andalucía ha obtenido entre el 20 y el 29,99% de los votos, y en 33 municipios rurales se ha superado el 30% de los votos.

Tenemos otro dato igual de importante en el mundo rural que el voto municipal, y es el análisis del voto por comarcas. Estoy convencido, con todos los peros y debates que sean necesarios, de que la comarca es la unidad administrativa más adecuada para la gobernanza del medio rural. Es el nivel de administración territorial que mejor puede afrontar sus retos y sobre la cual se pueden articular políticas integrales de desarrollo rural. En 16 comarcas rurales andaluzas, los votos de Adelante Andalucía superan el 17%. Mientras que la comarca de Sierra Sur de Sevilla, ejemplo y tradición de organización y movilización social cuenta con un 25,12% de los votos a la formación de Adelante Andalucía, La Sierra Norte de Sevilla el 24,88% o La Campiña Este de Córdoba el 21,53%, el discutible éxito electoral de Vox lo encontramos en la Comarca del Poniente Almeriense con un 23,88% de los votos, ejemplo claro de comarca con un modelo agrario en gran medida insostenible y construido sobre una enorme injusticia y desigualdad social.

Los datos anteriores muestran que hay base más que suficiente para avanzar y fortalecer el proyecto político y que la siguiente cita municipal es imprescindible. Hay mucha gente en Andalucía, a la que conozco y aprecio, que lleva luchando en proyectos municipalistas transformadores desde hace años, e incluso décadas.  No estoy pensando en los municipios emblemáticos que a todos podemos conocer. Estoy pensando en tantas otras experiencias como Cuevas del Becerro, donde gobierna una candidatura independiente y progresista que desarrolla una cantidad de iniciativas asombrosas, y donde Adelante Andalucía ha obtenido el 38,88% de los votos, o Arriate, con el 40,90% de los votos, Gilena con el 30,19% o Piñar con el 41,55%.Sin embargo, si diré que cocinar una candidatura rural nueva, requiere dinámicas mucho más abiertas y flexibles y, sobre todo, mucha más calma.  Lo difícil es llegar a tener una lista sólida, con capacidad para generar confianza al interno y externo del pueblo donde todos nos conocemos incluso demasiado. Por lo tanto; las prisas, las rigideces y las fórmulas estándar no sirven.

En cuarto lugar, reflexionemos sobre los imaginarios que construimos del medio rural desde la política, y sobre los mensajes y propuestas que lanzamos. Merece la pena analizar los programas de cada partido político para el medio rural, porque la realidad es que los programas de Adelante Andalucía, y desde luego también del Partido Socialista,son con diferencias los que más medidas incorporan y con un planteamiento más integral y detallado. El programa electoral de Adelante Andalucía recoge más de 200 medidas muy concretas, 109 organizadas en 9 bloques de actuación dedicadas al modelo productivo y al desarrollo rural, a las que luego hay que sumar las medias transversales en empleo, cohesión territorial, uso de la tierra que incluyen referencias concretas en el medio rural. Sin embargo, no parece que se haya comunicado con la fuerza y claridad que merece y se ha decidido poner la fuerza en propuestas que, aunque recogen sensibilidades legitimas de algunos sectores en general urbanos, no solo no son mayoritarias en la sociedad, sino que, planteados de forma absolutista, confrontan a una parte importante de esta ciudadanía rural.

Frente a esto, tenemos otros partidos como VOX cuyas medidas para el medio rural son ambiguas, pero que han decidido construir “una identidad rural esencialista” sobre la base de la idea genérica de “Defender las tradiciones y la forma de vida rural”. De esta manera sencilla, logran aglutinar toda la frustración o sentimiento de amenaza y convertirlo en movilización política. Este camino, como ya expliqué hace semanas, está contando con algún apoyo velado de sectores ultraconservadores con influencia en organizaciones de las que representan estas tradiciones.

El problema es que mientras unos mensajes políticos asignan estereotipos del “landismo” o del “caciquismo” histórico a mucha gente por el simple hecho de practicar una actividad lícita con la que disfrutan, los mensajes políticos a la inversa les adjudican ser “la esencia de la españolidad” y “la ruralidad”.

El error político de partida es de bulto. Animalismo no se puede equiparar a ecologismo. El animalismo como ética no es exclusivo de la izquierda, sino que está presente en todas las opciones políticas en mayor o menor medida. De igual forma, identificar la caza y la pesca con una ideología conservadora es bastante burdo, e incluso como contestaba una persona en un twitt hace unos días, injusto con tantos alcaldes y militantes de pueblos de Andalucía que han sido y son claramente de izquierdas y cazadores.  Por no hablar del error que supone pensar en la caza como un todo homogéneo sin entender que existen modalidades diferentes con diferente impacto ambiental, o pensar que la caza es una actividad de gente pudiente sin separar el coste que supone participar en una montería de lo que significa salir simplemente al monte los domingos a caminar y traerte si tienes suerte un par de conejos. Por añadir un punto más personal, como vecino del medio rural, sé que respetar la cultura y las tradiciones en los pueblos es importante aunque no las practiques, cosa que en muchos momentos dudo que desde la izquierda política urbana se llegan a comprender.

En este escenario, es evidente que el ataque a la caza, los toros o cualquier otra actividad culturalmente arraigada se cobra en las elecciones y lo único que hace es alejar los mensajes sobre los importantes retos y problemas del medio rural.

Si la defensa política de los animales tiene que ver con una posición ética, el punto de partida está en cuanto de extendida esté esta ética. La reflexión debería ir encaminada a pensar si estas propuestas políticas sirven para convencer o concienciar a más gente sobre los derechos de los animales, si sirven para avanzar en una regulación ambientalmente más estricta de estas actividades, o incluso si sirve para que la sociedad acepte que ciertas fiestas y tradiciones hay que sustituirlas por otras más éticas, e incluso abolirlas. Es cierto que no podemos saber cuantas personas dejaron de votar a la izquierda por estas razones, al igual que tampoco podemos saber cuánta gente votó precisamente por estas posiciones, pero que ha sucedido algo es evidente. Un artículo publicado en El Confidencial lo reflejaba de forma muy clara”La gente no se ha vuelto facha de repente, sino que simplemente tiene miedo a perder su forma de vida.”[6]. Si se meten con la caza, pueden meterse también con las matanzas caseras. Esto explica por qué en localidades como Alcalá del Valle, Puerto Real, Trebujena, Montemayor, Montalbán, el Burgo o Humilladero con mayoría absoluta de Izquierda Unida antes, y ahora de Adelante Andalucía, aparece el voto de Vox.  Analizando los datos, todo parece indicar que el votante identificado con el animalismo seguirá votando a PACMA como opción política, y así de un 0,80% de votos conseguidos en 2015, han pasado a un 1,93% en el 2018, pero la realidad es que su opción seguirá siendo minoritaria, y mientras tanto, en el esfuerzo de arañarle unos cuantos votantes o frenar su avance en unas décimas, otras fuerzas de izquierda, habrán dejado pasar la oportunidad de transversalizar el discurso, hacer pedagogía desde el respeto tejiendo un consenso social que es lo que se necesitamos en este tema.

Mientras tanto, la opción de la izquierda de mayorías sociales es construir una alternativa de vida mejor para la gente de las ciudades y del medio rural, construyendo y comunicando un discurso vertebrador que ayude a construir otro modelo de sociedad.