Otras miradas

Una campaña marciana (1): Casado descubre la Ley D'Hondt

César Calderón

Imaginemos:

Se enfrentan Real Madrid y Barça en el Bernabéu en el partido que va a decidir la liga.

Máxima tensión, semanas previas de fuego cruzado en la prensa deportiva, sonoros enfrentamientos dialécticos entre los dos entrenadores.

Salen por fin  los equipos al campo, suena el himno del centenario, el estadio bulle como una olla a presión.

Pero algo sucede, el balón no se pone en movimiento, y, ante la sorpresa del respetable, en lugar de comenzar a jugar al fútbol, los jugadores sacan unas sillas y comienzan un animado debate sobre la importancia estadística del VAR, la ontología del "fuera de juego" y sobre si el tiempo que debe tener la pelota el portero antes de sacar de fondo para que se considere "pérdida de tiempo" debe ser medido digital o analógicamente.

Evidentemente, el público abandona el campo entre gritos, y la liga multa a ambos equipos con tres partidos perdidos y una sonora colleja a ambos entrenadores.

Pues bien, esto mismo -salvando las lógicas distancias-  es lo que está haciendo el Partido Popular en los comienzos de esta extraña campaña electoral que ya tenemos encima.

Tenemos a un Pablo Casado, cuya iniciativa más relevante hasta el momento consiste en ilustrarnos con alambicadas explicaciones sobre el perverso funcionamiento de la Ley D’Hondt en las provincias de menos de seis diputados (sí, concretamente en esas)  utilizando a Epi y Blas para hacerlo más digerible.

Perverso sistema del que por cierto viene beneficiándose su partido desde hace más de 40 años en la España más rural y despoblada y que ha permitido que los populares se mantengan como primera o segunda fuerza parlamentaria incluso en sus tiempos de peores resultados electorales.

Perverso sistema que lleva sufriendo la izquierda -o las izquierdas- esos mismos 40 años en esas mismas provincias de la España más despoblada, comprobando elección tras elección que en nuestro país el voto estratégico es como los reyes magos…. son los padres. Si no, que se lo pregunten al dúo Almunia-Frutos.

Perverso sistema, finalmente, que no se puede contrarrestar haciendo una metacampaña, esto es, una campaña electoral sobre la campaña electoral, ya que como pronto van a comprobar, el ciudadano de infantería bastante tiene con acudir a las urnas el día de la elección, y reservar -con buen criterio- sus neuronas disponibles y su tiempo libre para analizar los cruces de cuartos de la Champions, que ahí sí que tenía que haber invertido su talento el tal señor D’Hondt.

A lo mejor -y es solo una teoría-  lo que le está pasando al PP tiene algo más que ver  con que ha perdido cerca de un 60% de su masa de electores que con la Ley D´Hondt y su escasa proporcionalidad de las provincias menos pobladas.

Miren, cuando comencé ya hace algunos añitos de meritorio en esto de la comunicación política y las campañas electorales, un veterano consultor me dijo que este negocio iba básicamente de hablar de los problemas reales de la gente real, y que normalmente no bastaba con describirlos con acierto, sino que además convenía tratar de enunciar alguna solución plausible a los mismos. Nada menos.

Sí, esa misma gente real a la que pedimos que se levante del sofá un día concreto y acuda a las urnas a votar a nuestras siglas.

Sí, esa misma gente que está asistiendo absorta al proceso de voladura incontrolada que se está autoinflingiendo el Partido Popular mientras basa su campaña en cuestiones que solo interesan a los candidatos del Partido Popular. Y no a todos ellos.