Opinion · Otras miradas

1.000 víctimas, 1.000 asesinos

Es la cifra de un fracaso social. Es la cifra que hay que poner por delante a quienes se ríen del feminismo, a quienes señalan a las feministas, a quienes se convierten en youtubers o columnistas para atacar nuestros derechos, a quienes se burlan de este sistema, a quienes tienen la osadía de mentir, de manipular los datos y, por lo tanto, de ser parte cómplice de esta situación.

Es una cifra que representa a más de 1.000 víctimas. Primero porque representa solo a aquellas mujeres asesinadas desde el año 2003. Segundo, porque hay que sumar los 28 hijos e hijas asesinados por sus padres, desde que se registran en 2013. Son también víctimas de la violencia machista. Sumemos, además, los y las menores que quedan en situación de orfandad porque su padre ha matado a su madre con las consecuencias graves que suponen, también, en su día a día.

Esta cifra es solo la punta del iceberg porque debajo quedan otras víctimas de violencia machista que no reconocen los datos oficiales. Feminicidio.net recoge cada año a todas y cada una de ellas: los feminicidios íntimos y no íntimos, los familiares, o los de otros contextos como prostitución o violencia económica… sin olvidarnos de las mujeres que optan por el suicidio cuando no ven otra salida.

Esta cifra es la de las mujeres asesinadas, pero sumemos también a las que han sido víctimas y han podido llegar a ser supervivientes, como las cerca de 500 denuncias que hay todos los días.  Pero piensen también en las mujeres que no se atreven a denunciar por miedo, estigma, vergüenza, culpa o muchas más situaciones. La cifra de mujeres afectadas por la violencia machista es incalculable.

Lejos de datos y registros, sumemos también los efectos y el tiempo que tardan en recuperarse las víctimas que se salvan de morir y miran de frente a sus agresores. El daño a la autoestima, el estrés, los periodos de disonancia cognitiva, los miedos, los silencios, las angustias, los cómo, los por qués… Llevamos en la estadística oficial 1000 asesinadas y aún hay quienes se preguntan por qué esas mujeres tardan en denunciar, por qué a veces vuelven con sus parejas o mil cuestiones más que se centran en el comportamiento o la reacción de ella. Es hora YA de cambiar el foco. Es urgente, porque hasta que no nos centremos en ellos, no habrá solución.

Si hay 1.000 asesinadas significa que hay 1000 asesinos, oficialmente. Sumen los asesinos de otros casos que no se contemplan en esa estadística, sumen a los violadores, a los acosadores, a los agresores. Sumen a los que se libran de ser señalados porque sus víctimas no denuncian. Pongan la lupa sobre esos asesinos y agresores. Pongan la lupa en por qué asesinan, en por qué piensan que pueden hacerlo, en por qué manipulan y chantajean, en por qué reaccionan con tanto odio si no son enfermos, en por qué dicen un día ‘te quiero’ y al otro te machacan, en por qué ridiculizan a la mínima oportunidad y escupen en la cara de sus parejas, y las zarandean, y las golpean, y les pegan en la barriga estando embarazadas o las tiran por el balcón. Escuchen a los profesionales que tratan a los maltratadores. Escuchen a profesionales hombres (sí, hay hombres que lo ven con claridad) señalar que existe un sistema patriarcal, que todo se trata de machismo y que no hay más. Mientras seguís buscando otra razón, que no existe, el tiempo se nos escapa.

Es educación, es cultura, y por eso esta cifra es una vergüenza absoluta, porque significa que no hemos hecho lo suficiente para cambiar el foco. No hay víctimas sin asesinos y sin agresores. O nos tomamos esto en serio, y señalamos a quienes atacan los derechos de las mujeres en su propio beneficio, o seguiremos creando asesinos que seguirán matando.