Otras miradas

La clase media árabe viaja en patera

Javier López Astilleros

Documentalista y analista político

Lo encontramos en el interior de una caverna, mientras calentaba con un hornillo el desayuno, sobre una vieja esterilla. Se llamaba Ahmed, y era licenciado en filosofía, estudios que había completado en una Universidad de Fes. Era culto y de mirada profunda. Desde la cueva veía la sombra de los europeos portando alegría, y todo tipo de objetos por los altares turísticos. Para gran parte de su generación, Europa era y es la luz, mientras que los europeos son como las sombras iluminadas de un mundo deseado.

Nos ofreció, en varios idiomas, un poco de pan y té. Hicimos amistad con él, y nos guió durante unos días por los pueblos de la zona. En una ocasión, la policía le detuvo, y tras pedirle su identificación, le patearon y abofetearon a la vista de todos, sin que pudiéramos hacer nada. Lloró aquel día.

Poco más tarde tuvimos noticias de su llegada a las costas andaluzas, aunque no supimos más.

Cuatro inmigrantes son trasladados a Melilla por Salvamento Marítimo y la Guardia Civil tras llegar a las islas Chafarinas. EFE/ F.G. Guerrero
Cuatro inmigrantes son trasladados a Melilla por Salvamento Marítimo y la Guardia Civil tras llegar a las islas Chafarinas. EFE/ F.G. Guerrero

Hay licenciados que vuelan a otros países para servir copas, caféso trabajar en residencias, mientras que los súbditos sin valor vienen en patera o compran un pasaporte falso, algunos para trabajar en el campo por un puñado de euros. Y aún así, parece que les sale a cuenta.

Nada ayuda, porque la degradación del mercado laboral es tan intensa, que las empresas ya se atienen a una tarifa plana laboral, que es igualitaria en gastos y talentos, pero no en sexos. Luego están los mitayos de Plaza Elíptica, gasolineras e invernaderos. Han surcado el Mediterráneo u otros mares, y venden su diestra muy barata. Ellos han venido con la espuma del mar, y muchas de ellas han sido violadas en las penumbras del viaje.

Si como señalan desde algunos grupos parlamentarios, y otros insinúan, pueden pagarse un billete porque disponen de medios, y además son jóvenes liberales y profesionales, ¿qué hay que temer?: pues que en su mayoría son musulmanes. Es decir, iliberales, fanáticos, ladinos, y además practican la violencia.

Para algunos defensores de las buenas costumbres, solo los muy indigentes merecen caridad.

Después del gran desfalco del 2008, cuesta asumir que un abogado, e incluso un filósofo, se suban a una patera, y dispongan de medios para pagar a las mafias. Vivimos en un país cada vez más desigual, donde los ricos prosperan y se enriquecen a costa de los pobres, que crecen sin cesar. Y por si fuera poco, disponemos de miles de trabajadores patera que cobran muy por debajo de la tarifa plana.

Pero la preocupación de los nuevos capitanes de Flandes, que no conocen una pica, está en que esos inmigrantes son musulmanes, y no se integran. Ni besando su cruz o sagrada Constitución, lograrían hacerlo. Polarizar con los fieles del Islam no llenará sus iglesias, pues no es una cuestión de fe, sino de clasismo y dinero, que es el verdadero culto al que se reza con devoción.

Los pudientes africanos y árabes optan por la lancha de goma, en vez del avión o el soborno. ¿Por qué desprecian a la clase media africana y árabe, que pagan a las mafias, pero que no pueden permitirse un visado de turista?. No la toleran, salvo para recibir un millón de euros del CNRI iraní, cuyo grupo armado son nada menos que los Muyahidines Al Halq.

Rescatar "a los mejores", la clase media y profesional es racista, pero en realidad prefieren mantenerlos lejos, porque al parecer el Islam amenaza el ethos occidental, transfigurado en la cruz prestada de oro que Salvini cuelga en el cabecero de su cama de agua.

Millones de jóvenes ven las sombras de otra vida, y desean salir para experimentar. Han idealizado las luces europeas.

Un Plan Marshall para África es una quimera colosal, mientras los idólatras exigen su parte, junto a su inmensa prole clientelar de adictos regios. Agitar el espantajo de una invasión maura es un error, porque casi todos los que vienen rechazan su Islam nacional que les atenaza, salvo si están a sueldo, claro.