Otras miradas

Dios fue un maltratador machista

Un aficionado con la espalda tatuada con el nombre de Maradona y el número 10, en Buenos Aires. REUTERS/Ueslei Marcelino
Un aficionado con la espalda tatuada con el nombre de Maradona y el número 10, en Buenos Aires. REUTERS/Ueslei Marcelino

Comenzaba el día recordando a todas las víctimas de violencia machista. Sin embargo, la noticia de la muerte de Diego Maradona acaparó todo el protagonismo y nosotras pasamos, una vez más, a un segundo plano. Porque a nosotras ni siquiera se nos respeta ese día. Este año han muerto asesinadas 40 mujeres y 4 menores a manos de sus maltratadores y quedan 23 huérfanos víctimas de esta lacra. Eso en nuestro país, porque si hablamos de cifras mundiales el dato es terrorífico. Mónica fue la primera víctima del 2020. Tenía 28 años y una hija de solo 3. La noche de Reyes ambas fueron asesinadas, presuntamente, por su pareja y padre de la niña, Rubén Darío.

El fenómeno en torno a Maradona es similar al de cuando un amigo o familiar de alguien pueda ser un maltratador. Alguien a quien quieres o admiras no puede decepcionarte de esa manera, y en lugar de asumirlo y plantarle cara, te aferras a la idea de que debe de haber un error, porque en el fondo "es un buen tío". Esa negación es la que pudimos ver el otro día con la muerte del futbolista, muchos no querían creer que su ídolo realmente tenía más sombras que luces.

Lo que más me dolió el 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, no fue solo la panda de lloros de supuestamente aliados de lucha que dejaron de hablar de violencia machista para una vez más relegarnos a un segundo plano y hablar de ÉL, del dios todopoderoso Maradona. Lo que más me dolió fue el insulto de una antigua compañera de lucha. Ella debió sentirse atacada porque el futbolista significa identidad para los era argentinos y yo era entonces una neocolonialista, como si el machismo no fuera algo que nos atravesara a todas y especialmente a las más pobres. Sin embargo, para las mujeres feministas, y en concreto para las mujeres con discapacidad de las que poco o nada se habla un día como ese (y que son las que más violencia sufren), era un día crucial en nuestras vidas; y esa identidad nuestra de empoderamiento y lucha, dejó de respetarse, si es que en algún momento se tuvo en cuenta. Nuestros minutos de silencio dejaron de respetarse para escucharse en radios, televisiones y redes el famoso gol de Argentina contra Inglaterra.

Me pareció lamentable cómo compañeros de lucha dejaron a un lado proclamas feministas contra la violencia machista para poner en sus redes sociales imágenes de Maradona al lado de Castro o de Chávez, como si eso tapara el resto de atrocidades cometidas. Exageradas nos llamaron algunos, histéricas nos llamaron otros. El plato de cada día. Esas imágenes, más el tatuaje del Che Guevara en el brazo de Diego borraron todos los demás sucesos de maltrato y de presunto sexo con menores. Porque eso es amigas y amigos, lo que estamos acostumbradas a presenciar también en nuestros círculos, en la base, en la militancia, en las calles, en las redes. Si alguien ha agredido a una compañera, pero es un buen tío, o bueno en su profesión, el testimonio de ella queda olvidado en el último cajón. Simplemente no existe, no se nombra o incluso en algunas ocasiones hasta se duda del testimonio de la víctima. Eso lo hemos evidenciado en nuestras relaciones más profundas, así que tampoco ha de extrañarnos demasiado cuando se pone de manifiesto ahora con ese ser superior, ese dios del fútbol, ese todopoderoso delantero. Alguien de otro mundo no puede ser juzgado por leyes tan mundanas como las nuestras.

Maradona fue el mejor futbolista del mundo. Eso es un hecho innegable. Y probablemente fue alguien que sentía conciencia de clase, no olvidó nunca su origen humilde. Pero también fue un maltratador. Y es importante señalarlo también, antes, durante y después de muerto. Porque las nuevas generaciones imitan lo que hacen sus ídolos, y por ello es tan importante señalar también sus comportamientos machistas, racistas o xenófobos.

Hoy no toca, me decían algunos, como pasó el día de la muerte de Kobe Bryant, acusado de violación. Y esa es un poco la respuesta que recibimos las mujeres feministas. Hoy no toca, ahora estamos con la lucha de clases (como si no fuéramos precisamente nosotras las más empobrecidas e interesadas en esta lucha), ahora estamos con el antifascismo (como si no fuéramos nosotras de las más señaladas por ellos), y así una larga lista de proclamas que nos dejan para el último punto del orden del día si es que queda tiempo.

Tenemos que agradecer, eso sí, que no todo va a ir de regañinas, a Paula Dapena, jugadora de Viajes InterRías FF gallego, a dar la espalda a Maradona en el campo de fútbol mientras la comunidad deportiva lloraba su muerte. Gestos así, por minoritarios que sean, silenciados y atacados, son valientes y son los que pueden cambiar el mundo. Dapena decidió sentarse de espaldas antes del inicio del partido durante el minuto de silencio que se guardaba por la muerte de Maradona, y lo hizo en señal de apoyo a las víctimas de la violencia machista. "Por las víctimas no se guarda un minuto de silencio, pero sí por Maradona, alguien que es reconocido tanto por lo que hizo dentro como fuera del campo y que, precisamente, no es para estar orgulloso. Por eso no le rendí homenaje", ha relatado la jugadora.