Otras miradas

La agresión de Will Smith

Ana Bernal Triviño

Los actores estadounidenses Will Smith y Jada Pinkett Smith llegan a la 94ª ceremonia anual de los Premios de la Academia en el Dolby Theatre de Hollywood, Los Ángeles, California, Estados Unidos, el 27 de marzo de 2022.

Ha sido la conversación del día: el puñetazo de Will Smith a Chris Rock en los Oscar. Vayamos por partes.

Primero, Jada Pinkett-Smith. Ella, actriz y pareja de Will Smith, padece trastorno autoinmune de alopecia. Aunque cada día los implantes capilares son más habituales entre los hombres, ver hombres con alopecia está más normalizado. Incluso se vende con una imagen atractiva en muchos casos. Para las mujeres sigue siendo un tema silencioso. Hace unos años escribí sobre esta realidad. ¿Cuántos hombres calvos y cuántas mujeres calvas pisaron la alfombra de los Óscar? Que ella haya optado por afrontar su enfermedad en una de las industrias más exigentes demuestra su valentía. 

Segundo, Chris Rocks. Las mujeres cómicas han demostrado que el humor no se puede hacer con las opresiones, enfermedades o vulnerabilidades. Eso no es humor, es humillación. Chris Rock, por ejemplo, no realizó alguna "broma" con los hombres calvos que asistieron a la gala, mucho menos si alguno fuera su jefe. Pero sí supo que podía hacerlo con Jada. Estaría muy bien que las academias, en general, apostaran en sus ceremonias por profesionales que se alejaran de bromas clasistas, machistas, homófobas y todo aquello que no es motivo de humor, bajo ningún concepto.

Tercero, Will Smith. Tras el pésimo comentario de Chris Rocks, Will Smith golpea a Rocks y le insiste en que no hable de su mujer. Como si fuera el representante de ella. Que alguien haga algo mal no obliga a tener que responder peor. Quien había quedado desafortunado era Rocks. Aquel chiste hablaba peor de él que de quien a pretendía ofender. Todo quedó anulado por una agresión injustificable y condenable. 

Muchas mujeres recibimos centenares de comentarios obscenos o humillantes a lo largo de nuestra vida y, en general, no resolvemos a puñetazos. Luego vinieron las lágrimas y la falsa justificación de un discurso donde remarca a su mujer como su "propiedad" intocable, su demostración errónea de que mantiene el control y asociar que es una demostración de "amor". El amor está alejado de todo esto. Si Smith había hecho esta agresión ante cámara, sabiendo que millones de personas lo iban a ver, ¿qué hubiera pasado de suceder esto en privado?

Todo esto es lo que se ha comentado en estas primeras horas tras la agresión de Smith, pero me gustaría ir más profundo. Al por qué ese hombre entiende que la forma de relacionarse con otros hombres es a través de la agresión y la violencia: el machismo.

Quiero recordar un aspecto. Yo misma escribí sobre ello. Will Smith reconoció hace meses que con nueve años vio cómo casi su padre mata a su madre y que quiso reaccionar de forma agresiva con él años más tarde. Tiempo después leí otras declaraciones muy desafortunadas de Will Smith que, por mucho que dijera que iba a terapia, quedaba demostrado que esa terapia (esto es tema para otro día) no le había hecho analizar este periodo de su vida con la perspectiva de género necesaria. 

Niños que se educan en el machismo más violento tienen más probabilidades de que su respuesta sea violenta. ¿Justifica esto la agresión? No. Nunca. Nada justifica un asesino o agresor. ¿Pero cómo aprenden a serlo? No justifica, pero explica el por qué el machismo nunca acaba. Esos hombres aprenden de sus "hombres" de referencia. Mientras alguien no le diga claro a ese niño que ese padre no es ejemplo de nada y que es un comportamiento del que debe huir, habrá riesgo de que se comporte igual. Por eso los maltratadores nunca son buenos padres. Porque si no se actúa a tiempo sus secuelas duran. 

Cuando vas a un centro de acogida muchas maltratadas comentan actitudes más agresivas en sus hijos porque escuchan una forma de hablar, de propiedad y control de sus padres. Esto demuestra que la violencia no es biológica sino que se aprende. Ya lo decía Jorge Freudenthal, que trabaja en terapia con maltratadores. NO están enfermos, es su ideología, su forma de pensar. Y esa violencia los puede convertir en asesinos.

He leído mucho sobre Smith como ejemplo de "masculinidad tóxica". Si hoy un blanco hubiese agredido a un negro en los Óscar diríamos que es un  ejemplo de racismo, no de "blanquitud tóxica". De la misma manera que estoy cansada de que en terapia, a mujeres que sufren violencia de género, les digan que es solo una "relación tóxica" cuando es algo más profundo, grave, que pone en riesgo sus vidas, y que requiere otras soluciones. Basta de buscar sinónimos para rebajar o dulcificar. 

Digamos lo que esto ha sido: una demostración plena de machismo. Hasta que no nombremos el origen no habrá solución. Eduquen a sus hijos sin que resuelvan todos los problemas de su vida como una pelea de gallos a través de la violencia. Digan hoy a sus hijos que Smith no es ejemplo (tampoco Rocks) y que nada se resuelve con agresiones. No le aplaudan. No lo validen. O este machismo, como sucede a día de hoy, será interminable.