Otras miradas

El club de fútbol que se hundió con la Revolución de los Claveles

Ramon Usall

Manifestación en las calles de Porto, en 1983, para conmemorar la Revolución de los Claveles portuguesa que estalló el 25 de abril de 1974.- WIKIMEDIA COMMONS

La madrugada del 25 de abril de 1974 la emisora portuguesa Rádio Renascença emitió la revolucionaria melodía de Grândola, Vila Morena, una canción hasta entonces prohibida por el régimen. La tonadilla del cantautor José Afonso sirvió para dar el señal de alerta a los militares demócratas que participaban en el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) para que ocuparan los lugares estratégicos del país dando así inicio a una revolución que terminó con la dictadura más longeva de Europa.

Con el triunfo de la Revolución de los Claveles, Portugal dejó atrás los oscuros años de la dictadura de António de Oliveira Salazar y  Marcelo Caetano y abrió un nuevo tiempo en el que todos los cambios parecían posibles. Una de las medidas más rupturistas adoptada por los primeros gobiernos revolucionarios fue la nacionalización de la banca y de las principales empresas portuguesas, acompañada del encarcelamiento de los grandes empresarios del país. Era lo que el sector de oficiales comunistas del MFA bautizó como la "transición al socialismo", un proceso abortado tras el triunfo socialdemócrata en las elecciones constituyentes de abril de 1975.

Entre las grandes empresas que fueron nacionalizadas, una de las más destacables era la Companhia União Fabril (CUF), el mayor grupo económico del país que, antes de la Revolución de los Claveles, reunía un conglomerado de 180 compañías que contaba con casi 50.000 trabajadores y que representaba, ni más ni menos, que el 4% de la riqueza total de Portugal. Este grupo, liderado por Jorge de Mellos, era uno de los principales puntales económicos de la dictadura y tenía un gran peso social gracias, entre otros, a su club polideportivo, el Grupo Desportivo CUF, que, desde la década de los 50, era en un participante recurrente de la primera división portuguesa de fútbol.

Nacido, al igual que la empresa que le daba nombre, en la ciudad de Barreiro, situada al sur del estuario del Tajo, el Grupo Desportivo CUF se había convertido en uno de los grandes clubes portugueses gracias a su relación con el próspero conglomerado empresarial. Esta circunstancia le había permitido disfrutar de uno de los mejores recintos deportivos del país, el estadio Alfredo da Silva, bautizado con el nombre del industrial que había fundado la compañía y con una capacidad para 22.000 espectadores sentados, todo un lujo para los estándares del año 1965 en el que fue inaugurado.

Más allá de sus éxitos deportivos, que lo llevaron incluso a participar en competiciones europeas, donde consiguió algunos triunfos notables ante el Milan italiano (en 1965) o el Kaiserslautern alemán (en 1972), el Grupo Desportivo CUF destacaba por sus abundantes recursos económicos. El mítico entrenador y exfutbolista portugués Fernando Caiado, que ocupó el banquillo del CUF entre 1971 y 1974, explicaba maravillado la cantidad de material con el que contaba para preparar sus entrenamientos. Más de cien pelotas, innumerables cajas de botas e, incluso, camisetas del resto de equipos de la liga portuguesa para poder preparar así los partidos con el mayor realismo posible.

Aunque sus salarios no eran especialmente elevados, los jugadores del CUF gozaban de una serie de privilegios, como por ejemplo un selecto equipo de médicos, tarifas bonificadas en los restaurantes del grupo u ofertas de trabajo en alguna de las compañías del conglomerado, que hacían que pocos futbolistas quisieran abandonar la entidad y que el resto de trabajadores del grupo los contemplara con cierta envidia.

El carácter polideportivo del club quedaba de manifiesto con la existencia de distintas secciones entre las que destacaba la de hockey sobre patines que, en 1965, llegó a proclamarse campeona de la liga portuguesa. La importancia que el Grupo Desportivo CUF concedía a este deporte quedó patente en 1971, con la inauguración del Pabellón de los Trabajadores, una denominación que recordaba el carácter empresarial del club y que tenía por finalidad aumentar la identificación de los asalariados con la compañía para reducir así la conflictividad social.

La Revolución de los Claveles y las nacionalizaciones que la siguieron fueron un golpe muy duro para el Grupo Desportivo CUF. En primer lugar, porqué los privilegios de los jugadores se terminaron. Los puestos de trabajo que la empresa ofrecía a sus futbolistas eran un gran aliciente para reclutarlos y, al dejar de existir, se hizo difícil el poder mantener un equipo competitivo. En segundo, porqué el principal apoyo económico del equipo desapareció dado que la nacionalización comportó la división de las empresas que formaban el grupo.

Por si esto no fuera suficiente, su presidente, Jorge de Mello, fue arrestado el 11 de marzo de 1975 y encarcelado en la prisión de Caxias donde también fue recluida la familia Espírito Santo, propietaria de uno de los grandes bancos del país. Estas medidas respondían a la voluntad de los sectores comunistas del MFA de avanzar hacia el socialismo y de hacer pagar los excesos cometidos por los grandes capitalistas portugueses durante la dictadura.

La estancia del dirigente del grupo empresarial CUF entre barrotes se alargó durante tan sólo diez días gracias a la intervención del presidente francés, Valéry Giscard d’Estaing, con el que de Mello había compartido varias cacerías en la región del Alentejo y cuya gestión fue clave para permitirle recuperar rápidamente la libertad.

A pesar de ser excarcelado, Jorge de Mello decidió preparar su huida del país en compañía de su hermano José Manuel. Paradójicamente, el empresario pudo resguardarse en el exilio gracias al salvoconducto que le proporcionó el "Almirante Rojo" António Alva Rosa Coutinho, un dirigente militar muy cercano a las posiciones comunistas.

El presidente de la  Companhia União Fabril huyó a Brasil, rememorando así el exilio que ya había padecido durante su infancia cuando, en compañía, entre otros, de su abuelo Alfredo da Silva, se había refugiado en España para escapar de la convulsa fase final de la Primera República portuguesa.

El empresario no volvió a su país hasta la década de los 80 cuando, alejada la tentación revolucionaria, el estado ya preparaba el pago de indemnizaciones por unas nacionalizaciones que la Constitución del país había considerado irreversibles.

A pesar de recuperar una parte importante de su pujanza económica y de constituir de nuevo un gran grupo empresarial, la familia de Mello no recuperó el control del Grupo Desportivo CUF, uno de los buques insignia de su antiguo conglomerado.

Como consecuencia de la nacionalización, el equipo perdió rápidamente su potencial deportivo y, en 1976, se consumó su descenso a la segunda división. Atrás quedaban veintidós temporadas consecutivas en la máxima categoría del fútbol portugués.

El descenso a los infiernos del Grupo Desportivo CUF continuó cuando, en 1979, el club eliminó toda referencia al antiguo y pujante grupo empresarial y se convirtió en el Grupo Desportivo Quimigal, adoptando el nombre de una de las compañías en las que había sido dividido el conglomerado.

La entidad de Barerrio, que había nacido en 1937 durante los años de expansión de la  Companhia União Fabril, en plena dictadura del Estado Novo, iniciaba así una fase decrépita de su historia donde dejaba atrás la abundancia económica. Aquel equipo capitalista, símbolo del desarrollo industrial portugués del siglo XX, se hundía como consecuencia de la Revolución de los Claveles. Una revolución que no sólo cambió el destino del Grupo Desportivo CUF sino el de todo Portugal.