Otras miradas

Prostitución: dar voz a quien no la tiene

Loreto Arenillas

Diputada y coordinadora de Más Madrid y portavoz de feminismo

Cristina Castillo

Responsable de feminismo

Mujeres en el polígono Marconi de Madrid.- JAIRO VARGAS

El PSOE hace unas semanas llevó al Congreso de los diputados una ley a la que llamó popularmente ley abolicionista, el primer comentario es que esta ley no es abolicionista sino prohibicionista y ha hecho estallar el escenario político y mediático. Una discusión que se lleva teniendo años en el seno del movimiento feminista escala a la institución de la peor manera posible, sin posibilidad de trabajo entre los grupos políticos y volviendo a hacer que el Gobierno pierda el apoyo de los partidos de investidura.

El PSOE y el PP vuelven a votar juntos compartiendo una vez más ideología, no sorprende pero sí mosquea.

¿Por qué está haciendo esto así el PSOE? ¿Qué necesidad tiene de impulsar de esta manera tan rápida y abrupta una discusión que requiere tiempo, cuidado y sobre todo que necesita consenso? Hay quien dice que es una lucha por quien tiene la voz feminista en la institución y nosotras esperamos muy sinceramente que las intenciones partidistas no sean las que han llevado a las compañeras socialistas a tratar con tan poco cuidado este asunto porque la voz del feminismo en las instituciones y en las calles nos pertenece a todas las mujeres feministas y hay quienes preferimos, ante estos debates tediosos, buscar los consensos que mejoren la vida a las mujeres en lugar de tirarnos los trastos a la cabeza que no mejoran la vida de nadie. En definitiva, las mujeres siempre en el centro.

Aquí se nos abre una pregunta, ¿hay puntos de encuentro entre las diversas posiciones sobre el tema de la prostitución? Nosotras creemos que sí y consideramos que ese debería ser el camino para tratar de resolver los problemas que rodean el tema.

Para poder tratar adecuadamente las problemáticas y falta de derechos a las que se enfrentan las mujeres que ejercen la prostitución, es importante y necesario separar los fenómenos, diferenciar entre  trata, explotación sexual y prostitución porque si no los separamos no conseguiremos dar las claves que requiere cada uno de ellos para poder abordarlos. Mezclarlo todo emborrona el debate y no da claves para resolver fenómenos que son diferentes.

También para enmarcar este artículo queremos transmitir que el asunto de la prostitución hace estallar muchos debates paralelos. No podemos entrar en todos ellos pero sí queremos dejar señalado uno que a nuestro juicio requiere de más dedicación y pensamiento colectivo para abordarlo. Nos referimos al debate sobre voluntad y deseo, sobre si se legisla sobre el deseo, si esto es posible o no lo es, sobre si se legisla sobre la norma y sobre todo si desde el lugar que se legisla debe o no debe ser la moral. Aquí se abren diversas preguntas como si las prostitutas no pueden consentir o no deben consentir.

A nuestro juicio cuando hacemos leyes no podemos hacerlas desde un lugar moralista sino que debemos centrarnos en resolver la vulneración de derechos, la reparación y la defensa de las condiciones materiales necesarias para que cualquier mujer pueda vivir una vida digna teniendo garantizados los derechos humanos y civiles.

Además, nos parece necesario señalar que por mucho que se intente encasillarnos en dos posiciones sobre la prostitución, no hay solo dos posiciones, es más, el debate abolición vs regulación es un debate que estÁ obsoleto, hay un espacio que nos permite llegar a esos puntos de encuentro de una manera más eficaz para abordar los problemas de la prostitución y que ensancha nuestro campo de pensamiento y es el debate que gira en torno a los derechos. Sea cuál sea el punto final que cada una queremos para el tema de la prostitución, el único camino es el de garantizar derechos. El único camino que nos pone de acuerdo es el de poner a las mujeres en el centro y garantizar sus derechos humanos.

¿Qué derechos? Para empezar necesitamos que estas mujeres tengan garantizados derechos no vinculados al empleo, como es el derecho de acceso a la vivienda, derechos que ya regula el código penal como la protección ante las violencias machistas no siempre garantizados a las prostitutas, acceso a regularización de los papeles tras la derogación de la Ley de Extranjería o una Renta Básica Universal que solucionaría muchos de los problemas que genera el machismo.

También debemos seguir pensando cuáles son esos derechos vinculados al empleo que mejoren las condiciones de las mujeres que ejercen y dejan de ejercer la prostitución.

Al igual que garantizar un derecho obvio, el derecho a la voz de las personas sobre las que pretendemos legislar. En política no se pueden hacer normas sin tener en cuenta a los sujetos políticos sobre los que queremos hacer las normas. No existe un solo movimiento que no cuente con las personas sobre las que se quiere legislar excepto el movimiento abolicionista del PSOE, donde lejos de contar con las trabajadoras sexuales y las prostitutas, se dedica a criminalizarlas, perseguirlas y estigmatizarlas. En su fallida forma de ir contra la prostitución han ido contra las prostitutas.

El único partido a día de hoy que se ha reunido con las prostitutas ha sido Más Madrid. Le dimos muchas vueltas a traer a dos trabajadoras sexuales a la cámara parlamentaria por la violencia discursiva que se produce cuando abordamos este debate. Nos daba miedo que en la propia comisión se nos faltase al respeto. Fueron esas dudas y ese miedo lo que nos llevó a darnos cuenta que no estábamos aquí para mantener el costumbrismo, que estábamos aquí para abrir espacios de pensamiento y discusión, que por ahora por puros prejuicios no se habían abierto en cámaras legislativas y que nuestro paso por aquí debía no dejarse aplastar por un PSOE y un PP que hacen pinza con este tema desde la ideología y la identidad sin dar espacio, fruto de su conservadurismo, a nuevas miradas para poner a las mujeres en el centro eliminando completamente la idea de que las mujeres deben ser salvadas y poniendo en el centro la idea de la escucha y la necesidad de emancipación.

Toda la exposición de estas mujeres se centró en pedirnos a todos los grupos parlamentarios la despenalización y la necesidad de otorgar derechos a un colectivo que los tiene absolutamente vulnerados. Ellas ponían sobre la mesa el modelo de Nueva Zelanda, nos pedían que mirásemos allí, que nos fijemos en un modelo donde aquellas prostitutas que deciden dejar de ejercer reciben inmediatamente la prestación por desempleo, donde la criminalización ha desaparecido y donde desde 2003 el camino que se ha adoptado es el de la no penalización.

Este modelo no tienen nada que ver con el modelo regulacionista alemán, por ejemplo, donde quien más beneficios tiene son los empresarios del sexo, aquí los beneficios son solo para las mujeres que ejercen la prostitución.

En definitiva, lo único que nos trasladaron estas mujeres era la necesidad de protección y que se respeten los derechos humanos.

Por eso, nosotras seguimos reivindicando la necesidad de escuchar a estas mujeres, abrir un diálogo donde ellas estén presentes, darnos tiempo y espacio para seguir garantizando lo que siempre ha tenido como objeto el feminismo: la igualdad y la defensa de derechos de todas las mujeres. En lugar de correr sin ellas, caminemos con ellas, con todas las prostitutas con sus miradas diversas, con sus disensos y los nuestros pero caminemos hacia un lugar donde no haya una sola mujer que no tenga los derechos garantizados se dedique a lo que se dedique.