Otras miradas

Cuando la muerte no merece ser contada

Mireia Vehí

Portavoz de la CUP en el Congreso

Un miembro de las fuerzas de seguridad marroquíes conduce desde suelo español a uno de los migrantes que lograron saltar la valla de Melilla. -Javier Bernardo
Un miembro de las fuerzas de seguridad marroquíes conduce desde suelo español a uno de los migrantes que lograron saltar la valla de Melilla. -Javier Bernardo

Han pasado muchos días desde ese mes de junio y el tiempo, que se suele vincular a la sanación del dolor, no ha servido. El Gobierno del Reino de España y el Ministerio del Interior, al igual que el Gobierno marroquí y su ministerio responsable de las fuerzas de seguridad fronterizas, ni han esclarecido los detalles, ni han asumido las responsabilidades pertinentes. Aquel día de Sant Joan, fiesta nacional dels Països Catalans, se arrebató la vida a decenas de jóvenes.

Fueron los medios de comunicación los que señalaron que algunos de los hechos más graves se situaban en territorio español se situaban algunos de los hechos más graves; los que alertaron de los riesgos de asfixia por el lanzamiento de los gases lacrimógenos; o los que se hicieron eco de las pelotas de goma y los restos de armamento encontrados por algunos diputados del Congreso que se trasladaron a la frontera. La BBC, cadena inglesa de televisión, ha sido quien ha atizado el último golpe al silencio institucional con imágenes y testigos incluidos.

Por parte de Grande-Marlaska, titular de Interior, las únicas palabras hemos escuchado escuchamos en el curso de la comparecencia en el Congreso de los Diputados han sido para exculpar la responsabilidad del Gobierno: no ha sido en territorio español. Hubo una avalancha y se tenía que gestionar. Estos problemas vienen de muy lejos y la gestión de la frontera es la última ratio para a señalar.

Pedro Sánchez, flamante presidente del Gobierno de progreso, incluso llegó a utilizar la expresión "bien resuelto" para referirse a la actuación policial de esa trágica jornada de verano. Después matizó, y apareció en prensa compungido por las imágenes del horror. Pero la aflicción del presidente, lamentablemente, no se ha traducido en responsabilidad institucional. Ha sido el Parlamento Europeo quien, después de escuchar las no-explicaciones de Marlaska, le ha citado en comparecencia para que dé explicaciones.

Y mientras escribo estas líneas un grupo de diputados de la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados se ha desplazado a Melilla. ¿Resultados? La evidencia de que la mayor parte de los hechos concurrieron en el Reino de España; y que la policía española utilizó mucho armamento contra las personas que estaban tratando de cruzar la frontera.

El pesimismo adquirido para con la transparencia y la asunción de responsabilidades en la violencia institucional española nos conduce a la asunción convicción de que no va a pasar nada, nadie va a responder por todas estas vidas, y la frontera no va a ser un punto de mira y de respeto de los derechos humanos. Como Barrionuevo cuando asume la guerra sucia del GAL en una entrevista dominical. La nada. El vacío. La irremediable irresponsabilidad con holgura de este Reino de España edificado sobre tumbas que tienen secuestradas la verdad, justicia y reparación.

Igual que los horrores de la Dictadura nos persiguen como fantasmas, y los confines de la violencia de Estado nunca llegan a juzgarse, la necropolítica de la frontera, que es pública en tanto que está financiada por los impuestos de la ciudadanía, se suma a la procesión de fantasmas democráticos.

No puede haber democracia sin pasar cuentas con quién pierde su vida en los confines de este Estado-empresa. No puede haber paz cuando la muerte de algunas no merece ser ni explicada.