Opinion · Otras miradas

Barcelona En Comú: ¿partido vs movimiento?

Eloísa Piñeiro Orge
Activista y miembro de la Dirección Ejecutiva de BComú

¿Es Barcelona En Comú un partido político? Legalmente lo es. Sin embargo, muchas de sus activistas se sienten incómodas a la hora de designar su espacio de participación política como “partido” y eligen utilizar otros términos como organización, espacio, o simplemente “BComú”.

Partido, movimiento o institución.

Ciertamente, la palabra “partido” arrastra connotaciones muy negativas, sobre todo en una cultura política impregnada del recuerdo reciente del 15M. Pero lo cierto es que la palabra “partido” tampoco resultaría del todo adecuada, o no suficiente para definir qué es Barcelona En Comú, tanto en lo que respecta a su comportamiento como actor político, que va más allá de un electoralismo instrumental relacionado únicamente con la esfera institucional de gobierno, como en lo que respecta a las normas internas de las que se ha dotado en procesos de deliberación y participación. Estas definen contrapesos y abren espacios de decisión que buscan instituir una Barcelona En Comú lejos de la estructura de partido clásico y aumentar así su capacidad de acción,  elemento clave para su aspiración última: la defensa de los bienes comunes.

Estando al margen de las lógicas de partido clásico, sin embargo, no podemos decir que Bcomú es un movimiento. Su estructura ordenada, sus normas internas reconocidas por sus activistas, la definición de sus objetivos en planificaciones anuales y sus repertorios comunicativos y de acción colectiva no concuerdan con las lógicas movimentistas. Pero precisamente, por todos estos elementos, BComú se ha convertido en una institución, y eso no debe pensarse como una desventaja. Al contrario.

Elinor Ostrom, en Comprender la Diversidad Institucional define las instituciones como “prescripciones que los seres humanos usamos para organizar todas las formas de interacciones repetidas y estructuradas, incluyendo las que acontecen en las familias, barrios, mercados, empresas, clubes deportivos, Iglesias, asociaciones privadas y gobiernos a todas las escalas. Los individuos – afirma Ostrom-, que interactúan en situaciones estructuradas por reglas, se enfrentan a elecciones respecto a las acciones y estrategias que llevan a cabo, elecciones que poseen determinadas consecuencias para ellos mismos y para otros”.

Desde luego, en estos más de dos años de vida, las activistas de Barcelona En Comú hemos participado en acciones y estrategias que son el germen de cambios con consecuencias a una escala que siempre habíamos deseado y que serían impensables desde los márgenes del espacio político.

Organismo vivo

Más allá de la descripción técnica sobre qué tipo de organismo es o no es BComú, lo que está claro es que es un organismo vivo y, como tal, respira del mismo oxigeno político que el resto de partidos, instituciones de gobierno locales y movimientos sociales, asociativos o vecinales de la ciudad. BComú, entonces, tiene que decidir cómo convive y cómo se comporta con cada uno de ellos. La propia BComú es un espacio formado por una combinación de trayectorias de activistas en luchas por los bienes comunes, luchas vecinales, feministas, ecologistas, internacionalistas, luchas obreras, y luchas políticas por la democracia, “la Amnistía i l’Estatut d’Autonomia”. Muchas de estas personas desarrollan su vida activista fuera y dentro de BComú a la vez, lo que algunas califican como relación esquizofrénica con el adentro-fuera, y otras deciden comportarse de manera pragmática, instrumentalizando BComú en el buen sentido, a fin de multiplicar la capacidad de transformación e incidencia en actores económicos y otros actores políticos de la ciudad. Así, BComú sirve a su objetivo transformador con una relación con los movimientos en continua performance, duda y reflexión crítica, a veces incómoda cuando no contradictoria y agobiante.

No nos corresponde decidir si somos movimiento o instrumento, porque esta decisión que vivimos como obligatoria, y que pende constantemente sobre nuestras cabezas, nos atrapa y no nos permite ser libres ni performar lo que queremos ser. Debemos movernos a un lado y otro de una interface porosa, entre Instituciones de gobierno e instituciones de lo común, siendo más movimiento en ocasiones y más partido clásico en otras. Y sobre todo, hemos de buscar las brechas existentes en las estructuras institucionales gubernamentales y en la asfixiante contienda político-institucional para llegar más lejos que un partido clásico, y mantener así la capacidad de transformar. Sólo en la potencia de la acción sabemos qué somos. En esto último estamos día a día las activistas de BComú, desacomplejadas en la esfera institucional, pero no tanto cuando actuamos fuera de ella. A nosotras, el no dejarnos arrastrar por las pasiones tristes, a nosotras, seguir alimentando el afecto activo y la alegría transformadora.