Otras miradas

Mujeres y señoras

Miguel Lorente Acosta

Ex delegado de Gobierno para la violencia de género y profesor de medicina legal en la Universidad de Granada

Miguel Lorente Acosta
Ex delegado de Gobierno para la violencia de género y profesor de medicina legal en la Universidad de Granada

El PP ha superado las dos mociones de censura que le han presentado estos días, la primera en la Asamblea de Madrid y la segunda en el Congreso de los Diputados. Lo que no ha superado ha sido el machismo del que han hecho gala sus dos portavoces, Ángel Garrido en la Asamblea, y Rafael Hernando en el Congreso.

Que los dos representantes del PP hayan utilizado la tribuna y la trascendencia de una moción de censura al Gobierno para cuestionar a las mujeres que han tomado la palabra por parte del partido que las presentaba, Unidos Podemos, no es casualidad. Todo lo contrario, es el fruto de una estrategia para dejar bien claro cuáles son sus ideas y valores, y qué es lo que piensan de las mujeres y del papel que deben desempeñar, según ellos,  en la escena política, pues son ellos los que partiendo de esa "superioridad intelectual" a la que hizo referencia el ministro Cañete en su debate con Elena Valenciano, pueden hacerlo.

Y es que el PP y quienes comparten las ideas mostradas por sus portavoces, distinguen entre señoras y mujeres. Para las posiciones tradicionales y conservadoras una señora es una "mujer con clase", y la clase no la da la formación, ni el puesto ocupado, ni tampoco el cargo desempeñado en un momento determinado, para ellos la clase viene dada por la alcurnia, el marido (que no pareja o compañero), o el status construido sobre el dinero e invertido en los escenarios propios de su clase.

Las mujeres que no tienen apellidos que las apadrinen, que no están casadas con un hombre que las clasifique, o que no cuentan con el dinero o no lo invierten en el status, son "sólo mujeres", y, por tanto, susceptibles de ser cuestionadas o atacadas desde la doble superioridad que da ser hombre y tener clase. De ahí el comportamiento de Hernando y Garrido.

Hoy la lucha de clases se ha trasladado a las ideas para hacer de ellas "ideas ricas" e "ideas pobres", da igual si quien las tiene y comparte es empresario u obrero, la idea será rica y valiosa si es compatible con los valores tradicionales de la derecha, mientras que si es de izquierdas tan sólo será peregrina y una ocurrencia. Por eso, según se observa en el comportamiento de los portavoces del PP, sus compañeras son "mujeres con clase", o sea, "señoras", y las de Unidos Podemos son "mujeres sin clase", es decir, "simplemente mujeres" que no han pasado por el bautismo de la derecha para haber sido limpiadas del pecado original de ser mujeres. Por tanto,  aparecen con toda la carga de perversidad propia de las hijas de la Eva, y capaces de hacer lo que sea necesario para conseguir poder, bien sea someterse a una "puesta de largo", como se le recriminó a Lorena Ruiz-Huerta, o emparejarse con un líder político para luego quitárselo del medio, tal  y como se ha insinuado de Irene Montero.

Son mujeres y no se puede esperar otra cosa de ellas, en cambio, sus compañeras del PP siempre tienen clase, primero como señoritas y después, tras la puesta de largo que tan bien describió el portavoz en la Asamblea de Madrid, sólo le faltó dar precios de las diferentes fiestas,  pasan a ser señoras.

Mucho se ha hablado en estas sesiones parlamentarias de corrupción, pero nada se ha dicho de la primera y más grave corrupción, que es la corrupción moral, aquella que permite justificar el resto y de negarlas, incluso cuando ya han sido descubiertas y juzgadas. Y esa corrupción moral está enraizada en el machismo como construcción de poder, por eso no son casualidad las coincidencias y la compañía mutua que se hacen machismo y corrupción.

Los portavoces del PP, Hernando y Garrido, y todos los que les ríen sus gracias machistas y les aplauden al hacerlas, deberían saber que cada vez que se ataca a una mujer en un contexto de desigualdad como en el que vivimos, se ataca a todas las mujeres, pues con sus palabras los hombres ven reforzada su posición de superioridad, y las mujeres sienten el aliento de la amenaza que es el machismo.

Sorprende que esos diputados tan educados ellos, correctos y formales no duden en mostrarse como en realidad son cuando se trata de dirigirse a las mujeres… No es una falsa moral ni una doble moral, es, simplemente, la ausencia de moral.

Estaría bien que las mujeres del PP, y aquellos hombres que no se identifiquen con ellos, les hicieran pedir disculpas por sus palabras y actitud, porque ellas, por muy señoras que sean, antes son mujeres y han sido atacadas en Irene Montero y Lorena Ruiz-Huerta.