RICKY GERVAIS – En el cénit de la grisa

Berto Romero

El cómico inglés Ricky Gervais ha estado en boca de todos durante la última semana por sus vitriólicos chistes en la presentación de la última gala de los globos de oro, en la que arremetió con saña contra los organizadores del evento, así como contra gran parte de los propios asistentes. La opinión pública se debate entre los que opinan que Gervais es una especie de héroe justiciero que se atreve a decir lo que todos piensan y se callan, y los que creen que la suya fue una agria andanada de ofensivos chistes de mal gusto.

Unos y otros analizan las posibles causas de su arrebato cómico. Algunos apuntan que Gervais se venga por el vacío de premios con que la serie que produce en USA, “The office” despide en su último año de emisión. Otros afirman que el humorista planea volver a su país natal, Inglaterra, y que se trata de un soberano “para lo que me queda en el convento”.

No lo creo. Cualquiera que esté familiarizado con el tipo de humor que practica Gervais, diría que se trata de un paso de gigante en su trayectoria. Tanto en la “The office” británica, como en “Extras”, las series que ha co-escrito y protagonizado, así como en sus monólogos, Gervais apunta siempre a un estado emocional entre el humor y el sentimiento de vergüenza ajena que parece tener perfectamente identificado. Un pinchazo en el bajo vientre, mezcla de risa y grima, una “grima” con un pie siempre puesto en la incomodidad. Definitivamente ha conseguido elevar a la máxima potencia su estilo.

Y lo hace, además, en los Estados Unidos, una tierra famosa por tolerar un alto nivel de autocrítica por parte de sus comediantes, quizá menor que en Inglaterra, por lo que se ve. Aunque sí mucho mayor que aquí, donde uno solo de sus chistes llevaría a juicio a su autor.

Humor e incomodidad acostumbran a ir de la mano. No es un deber del humorista, como muchos piensan, incomodar sin cesar a propios y extraños. El único deber del cómico es hacer reír. Sin embargo, sí es una de sus prerrogativas, derivada de la necesidad del oficio de explorar los límites buscando resquicios para la comedia. Un daño colateral de Gervais en su ascensión a la cima de su “grisa”.