Opinion · Punto y seguido

Jaque mate a Ahmadineyad

 

La máxima autoridad política de la República Islámica y su Líder Espiritual, Ali Jamenei, ha mandado detener a varios colaboradores del presidente Ahmadineyad, por corrupción, estar al servicio del Mossad, brujería y formar un ejército de genios. Un guión surrealista que ha disparado el ingenioso humor de los iraníes con chistes y caricaturas que invaden la red.

Su alianza se ha roto. Hacía tiempo que el jefe del Ejecutivo se resistía a la tutela constitucional del Líder  (quien concentra el poder militar, judicial y legislativo, con derecho al veto sobre las decisiones de los órganos electos) , y trataba de apartar al clérigo de la escena política.  Representa la lucha de tecnócratas jóvenes contra los sacerdotes octogenarios, sin ningún trasfondo ideológico o político de consideración.

Para ello, intentó ganarse el respaldo popular, apostando por la relajación de las normas religiosas en la música, el deporte o la vestimenta de la mujer. De allí, por ejemplo, su pasividad ante la caída del velo de la periodista Ana Pastor cuando le entrevistaba.

Luego levantó la bandera de la identidad iraní frente al Islam, explotando los fuertes sentimientos nacionalistas además de anticlericales de la población, molesta por las políticas panarabistas de los sacerdotes, que desprecian la cultura y la historia no islámica de esta milenaria civilización.

Sin embargo, Ahmadineyad tenía una percepción errónea de su poder real por culpa de los “baños de masas”, que recibía a golpe del universal truco de “día libre, autocar y bocadillo”. Tampoco le sirvió repartir sacos de arroz como limosna entre los desheredados, pues, las fidelidades económicas no son fiables. Las medidas neoliberales de su gobierno, el más rico de la historia de Irán (por el aumento del precio del crudo), han empobrecido a millones de trabajadores. Las huelgas y protestas obreras, a pesar de estar prohíbas, van en aumento de forma espectacular.
Y ya se habla de su cese. Justamente, este desastre económico puede ser utilizado por  sus adversarios para inhabilitarle. Mientras él resiste, tira de la manta, narrando los trapicheos de los ayatolás y los militares en el contrabando de petróleo. Los Guardianes Islámicos,  dirigidos por una junta ultraderechista religiosa, insinúan que si no se calla harán pública las actas de los verdaderos resultados de las polémicas elecciones del junio del 2009, o que  incluso puede morir en un atentado. Se han puesto del lado de un Jamenei enfermo y anciano, esperando la desaparición de ambos hombres para asaltar al poder político. Y ésta, una teocracia militar, sería uno de los peores escenarios posibles, sobre todo de cara a la política exterior. El país está cercado por las tropas de EEUU y/o de la OTAN y rodeado de países en guerra. Lo que hoy necesita Irán es la cordura y el uso de la diplomacia y el diálogo para evitar cualquier provocación que pretenda involucrarle en un terrible conflicto armado.

Los ciudadanos están expectantes. El miedo que perdieron durante las protestas del 2009 contra el fraude electoral, lo han recuperado tras el terror desatado desde entonces por el régimen. Sólo durante la semana pasada fueron ejecutadas 27 personas.

Inquietante el rumbo de los acontecimientos, en un Oriente Medio que arde.