Las chicas Bond

Una ucraniana y una inglesa se perfilan como próximas chicas Bond. Mujeres atípicas, duras y diestras con las armas, principalmente las de la seducción, se erigen como entes deseables sexualmente y no sólo para James Bond sino para la gran masa de público masculino que va a verlas. La ley de Igualdad parece que aquí no ha lugar, sino que ellas ostentan su atractivo físico para engalanar la película y enganchar a la audiencia. Una vez más el chico calculador, seductor e inteligente se mide con las chicas de sensualidad provocativa que terminan en la cama, pasto de los amoríos del galán machista, dejada de lado la enemistad que los separaba. Estereotipos que llaman la atención en un mundo en que la mujer tiende a hacerse valorar más por sus capacidades que por su anatomía.

Clara Jimenez Murcia

 ¿Qué tendrá que ver la ley con que las chicas Bond estén como un queso? ¿Exige acaso la Ley de Igualdad que sean feas, gordas, tartamudas y con un lobanillo en la frente? ¿El agente 007 será, por imperativo legal, un tipo con barriga, calvo y patizambo? ¿En las pelis, el mocín ya no podrá al final acostarse con la mocina? Pues vaya chasco. “Se erigen como entes deseables sexualmente”; ¡toma, claro! ¿Y qué rayos pretende usted? ¿Que las chicas Bond se erijan como catedráticas de Fonética Histórica y nos endilguen copiosas charlas sobre la vacilación de timbre en las vocales en el latín vulgar? ¿Estereotipos? Por supuesto que en una película de James Bond abundan los estereotipos, igual que en las de Almodóvar, o en esos artículos sobre el melón con sal que engulle Zapatero. ¿Están prohibidos los estereotipos? Pues vamos apañados, señora.

Le recomiendo mi novela, La fórmula Omega, en la que los secundarios de una teleserie toman el poder y comienzan a emitir con protagonistas gordos, vestidos con pantalón mil rayas y zapatos de rejilla. Las estrellas emprenden el camino del exilio hacia el otro lado de la pantalla, hacia el mundo real. En concreto, a España, generosa tierra de acogida para dictadores depuestos.

Tras la cuña publicitaria (¡he venido aquí a hablar de mi libro!),  le confesaré que me parece un disparate su queja.  Llámeme machista, llámeme falócrata, pero yo prefiero que las chicas Bond estén de quitar el hipo. A mi novia, tan superficial como yo, tampoco le agradaría un Bond con michelines. ¿Estamos los dos fuera de la ley? No es justo que unos sean atractivos y otros no lo seamos. Si a eso vamos, tampoco es justo que unos sean más inteligentes, más divertidos o más simpáticos que otros. ¿No se debería valorar la belleza? ¿Y por qué no? Si se puede saber, dígamelo: ¿por qué es más legítimo valorar la inteligencia que la belleza?