Carta con respuesta

A favor de la idolatría

Un sabio profesor de Historia nos enseñaba que, hace unos siglos, el centro de la Historia era Dios. En los últimos siglos, a Dios se le ha arrinconado y el hombre ha ocupado su lugar, convirtiéndose en el centro de todo. Poco falta para que el hombre se crea un dios. ¿Muestras de ello? Una es la fecundación in vitro, en la que el hombre se convierte por unos segundos en ‘dueño’ de la vida y de la muerte. Dos, que cada vez se adora menos a Dios y más a uno mismo; basta ver el nivel de ocupación de algunos gimnasios un viernes por tarde. Y tres, los anuncios navideños que están al caer; a menudo en ellos aparecen mujeres adornadas de oro y plata, convertidas en unas pobres modelos –vistas desde la tramoya– de diosas y reinas. Hoy, un acto de adoración a Dios, ¡cuánto vale!

JOSÉ MARÍA PÉREZ, Madrid

Bueno, don José María, a mí me parece muy bien que usted adore cuanto le plazca, así como que lamente que los demás no adoremos lo suficiente. Lo que le enseñaba su profesor sería, sí, hace siglos. El mío, en cambio, me enseñaba que, a partir del Renacimiento, con el antropocentrismo ("el hombre es la medida de todas las cosas"), pudo impulsarse el pensamiento racional, la ciencia, nuevas formas de organización política y social, etc. Supongo que usted se sentiría más cómodo en la Edad Media, en una rígida sociedad teocéntrica. Los demás, los que somos idólatras, no. De hecho, quizá lo más parecido a lo que usted busca sea algún Estado islámico, en el que la ley se base en el Corán y las mezquitas estén siempre rebosantes; un lugar en el que hasta en la guía de teléfonos haya una página (la primera) dedicada a la adoración divina. ¿A que sí? Pues le recomiendo que se convierta, don José María. Puestos a creer en dios, ¿qué más le da uno que otro, si todos son únicos y verdaderos? Incluso aquí, en Madrid, podría integrarse usted en alguna comunidad de fervorosos adoradores de Alá, de forma que su vida cotidiana gire en torno a un dios verdadero.

Con respecto a que la gente hoy en día se adore a sí misma, tampoco lo veo tan claro. A mí me parece que la mayoría se detesta a sí misma, por eso van a los gimnasios a hacer penitencia y castigar su cuerpo. Tanto se detestan a sí mismos que se dejan engañar en sus empleos, por los políticos, por la televisión y, los más crédulos, incluso por los sacerdotes.

Nunca he visto a dios y además creo que no existe (y si existiera, me opondría, ya lo he dicho). ¿Dios es negra, como decían las feministas hace años? Se lo pregunto porque a usted parece constarle que las modelos publicitarias se parecen a diosas. ¿Usted adora a algún dios semejante a Naomi Campbell? ¿Parecido al calvo de la lotería? ¿Parecido a usted mismo, tal vez?

RAFAEL REIG