No son los niños

Si de vacaciones escolares se trata, esto va para largo. Nadie está contento. ¿Qué haces con los niños en vacaciones si no hay nadie en casa? Establecer una semana blanca. Perfecto. Si se trata de ir a esquiar con los muchachos, ¿quién se atreverá a ir con ellos si no tienen ni idea, ni autoridad, ni educación, y encima te hacen responsable hasta de un rasguño que se hagan? Además, estas salidas son caras. ¿Quién lo pagará? ¿Papá Estado? Otra opción son las actividades extraescolares en el cole. Esto resulta contradictorio. Ellos verán. Los niños solos en casa son un peligro. La edad lo lleva. Un sólo sueldo no basta. Y han denigrado, defenestrado, ridiculizado el papel de la madre en casa. Ahora tiene que quedarse la abuela. No es justo. Hay que buscar soluciones inteligentes.

VISI BERNAL LÓPEZ MADRID

Soluciones inteligentes: perfecto, pero, por ejemplo, ¿cuáles? A mí, a bote pronto, sólo se me ocurren dos y, puesto que se me ocurren a mí, está descartada la posibilidad de que sean inteligentes.

Como hay un cambio de paradigma familiar y ya no queda nadie en casa para cuidar a los niños, podemos entregárselos al Estado, como en un kibutz. Todos los niños (pues sería obligatorio, como es natural) viven en unas residencias infantiles y pasan con sus padres un par de horas al día y algo más los festivos. El resto del tiempo, se ocupan de ellos educadores bien pagados (así creamos empleo). Su jornada escolar sería reducida y pasarían la mayor parte del día dedicados a juegos, lectura, etc., siempre a cargo de monitores bien remunerados. Así libramos a los críos de los prejuicios y la excesiva influencia (a menudo nefasta) de sus padres y favorecemos una igualdad de oportunidades real y la transformación de la sociedad. ¿Le mola? A mí no me parece mal.

La otra opción es que todos trabajemos muchas menos horas y con varios meses de vacaciones anuales. Así nos sobraría tiempo para cuidar a nuestros hijos. Como es obvio, esto exige una reforma radical del mercado laboral, pero no en la dirección que quiere la CEOE. Todo lo contrario: sueldos uniformes para todo el mundo, empresas públicas, horarios rígidos (no más de cinco horas al día), etc. ¿Le mola? A mí tampoco me parece mal. Cualquiera de las dos me vale; ambas exigen, claro está, una sociedad socialista. ¿Se le ocurre alguna otra? ¿Es compatible con nuestro libre mercado? No son los niños el problema: somos nosotros, es nuestra sociedad.