La nave del Estado

En estos días, hemos oído decir en distintos foros a varios dirigentes del mundo empresarial privado que el Gobierno debe tomar medidas para salir de la crisis, como aplazar a los empresarios el pago del IVA, reducir sus aportaciones a la Seguridad Social, abaratar el despido, bajar los tipos del Impuesto de Sociedades y transferir fondos a los ayuntamientos para que les paguen lo que les deben. Y rápido, si es posible. Aún no han propuesto que en la próxima declaración del IRPF se incorpore una casilla para ayudar al sostenimiento económico del empresariado español hasta que cambie el ciclo, pero todo se andará.

 

ENRIQUE CHICOTE SERNA ARGANDA DE REY (MADRID)

Debe de ser que no se les ha ocurrido, así que ¡no les dé ideas! Aunque bien pensado, qué más da, no hay mucho peligro: a determinadas personas darles una idea es como darles el esqueje de una planta: no sirve de nada, no les prenderá nunca, no conseguirán que eche raíz. A las ideas, como a las plantas, hay que saber cuidarlas y, según dicen, es bueno incluso hablar con ellas, hay que contradecirlas, discutirlas, cambiarles la tierra y ponerlas en entredicho: eso favorece su crecimiento. Hay cabezas como algunos balcones, en las que hasta las macetas de geranios se mustian y sólo admiten bombonas de butano y esa oxidada bicicleta de montaña con la que uno iba a cambiar de vida y empezar a hacer deporte a diario.

Hay quien pide, como solución, que se nacionalice la banca o algunas empresas. A mí también me parece una cándida ingenuidad. ¡Cómo se va a nacionalizar nada, si antes ya hemos privatizado la nación! Hemos ido poniendo cada vez más capacidad de decisión política en manos del capital privado: ¿qué esperamos ahora? ¿Que nos devuelvan el timón como si tal cosa? Pues lo llevamos claro: lo único que van a hacer es exigirnos que rememos más deprisa. Si es necesario, redoblarán los latigazos del cómitre: paro, contratos basura, flexibilidad, precariedad, ejecución de hipotecas, etc. En el momento en que el buque, gracias a nuestro esfuerzo, deje de pasar crujía, a los galeotes nos mandarán otra vez a fregar la cubierta o nos encerrarán en el sollado.

Podemos amotinarnos, claro que sí, pero sólo si nos ponemos todos de acuerdo. En caso contrario, nos irán pasando uno a uno por la quilla. Mire sus balcones: en ellos nunca hay ni una hoja verde ni una flor, sólo cristales blindados y una alarma conectada con la policía. Por si acaso.