Azúcar y sal

Me pareció inefable el título de su amplio artículo del pasado 27 de febrero, en la sección de Ciencias: “La ONU edulcoró su último informe sobre calentamiento”. No tenía ni idea de que los informes se pudieran azucarar. Pregunto: ¿no sería que los adulteró o falseó? De cualquier modo, que se pueda echar azúcar a un informe es interesantísimo.

JOSÉ MARÍA BLANCO MARTÍNEZ BARCELONA

Qué atrevida es la ignorancia, oiga. Lejos de mí la funesta manía de defender a los compañeros, pero eso está perfectamente escrito. Con todo respeto: usted no tiene ni idea de lo que dice. Consulte el diccionario de la Academia y allí encontrará que “edulcorar”  tiene tres acepciones. La primera es endulzar. Ni siquiera azucarar, como usted pretende (no sé por qué): se puede edulcorar sin azúcar, amigo, en eso también se confunde, ¿o es que no ha oído nunca hablar de la sacarina?  La segunda acepción es: “Mitigar los aspectos más hirientes o desagradables de un asunto”.  La tercera: “Embellecer o mejorar falsamente algo”.

Tampoco hacía tanta falta fatigar diccionarios, la verdad, pues cualquier persona sin averías graves en la azotea entiende, por ejemplo, que una versión edulcorada es una versión embellecida, como las que se suelen contar al hablar con los niños o al dirigirse a los votantes. Sin embargo, ¿por qué todos los quisquillosos son tan vagos y chapuceros? ¿Por qué se toma la molestia de escribir una carta alguien que es incapaz de levantar el culo de la silla para consultar un diccionario? Eso sí que es inefable, oiga usted.

Por otra parte, si confunde endulzar con azucarar y ni siquiera alcanza a entender un sentido figurado de uso tan corriente, pues no me extraña que a usted casi todo en esta vida le parezca inefable, es decir: “que no se puede explicar con palabras” (por si acaso lo hubiera escrito a voleo). Con su dominio de la lengua, muy fácil no debe de resultarle explicar nada con palabras. Yo acepto que me equivoco muy a menudo, lo mismo que mis compañeros en el periódico, pero acepte usted que se ha pasado de listo y que, además, no se puede andar tocando las narices por tan poca cosa. Incluso aunque tuviera razón. Que no la tiene en absoluto, por supuesto. En cualquier caso, lamento el tono brusco de mi respuesta, pero es que se ha metido en camisa de once varas, y a veces el que va a por lana vuelve trasquilado. Por si tampoco lo entiende, como edulcorar: que se lo ha buscado usted solito.