La enagua y el bote

No sé por qué se ha montado tanto escándalo porque un sacerdote haya prohibido a unos padres que vayan con sus hijos (de dos meses y cuatro años) a misa porque arman ruido. Está en su papel: no ha hecho sino proclamar y educar en lo que se exige que hagan todos los fieles de cualquier edad en esa Iglesia tan bien ordenada jerárquicamente, como un auténtico Ejército de salvación: acercarse al clero, sí, pero todos bien calladitos.

 

JUAN SALAZAR TELLO MADRID

Pues yo tampoco, ¿qué tiene de raro? Ir con los niños a cualquier lado no es uno de los derechos fundamentales de la persona, que yo sepa. Donde vivo, en Madrid, ni siquiera puedes llevar un carrito en los autobuses, salvo que le dé la gana al conductor. Bueno, ni siquiera te dejan llevar una maleta, aunque vayas al aeropuerto (donde tampoco te dejan volar con una raqueta o una petaca de whisky).

¿Usted ha oído berrear a un niño de dos meses? Yo sí. No es agradable, se lo aseguro. Me parece lo más natural del mundo que no dejen entrar con niños a las bibliotecas, las iglesias o incluso a las conferencias (donde nadie atiende). Dicho esto, yo he llevado a mi hija a todos lados cuando era un bebé. Si se ponía a llorar y molestaba, me salía, sin esperar a que tuvieran que echarme. Los niños (de los demás) son un latazo y quienes hemos cometido la imprudencia de tener niños tenemos que evitar imponérselos a los otros.

Imagino que el escándalo sólo tiene su causa, por un lado, en el loable deseo de fastidiar a la Iglesia. Haga lo que haga un cura, incluso su acción más inocente será como una enagua: se transparenta el carácter opresivo y bla, bla, bla. Por otro lado, pesa mucho esa mojigatería contemporánea que ha producido la teoría jurídica del bote salvavidas: ¡Mujeres, niños y minorías alternativas oprimidas primero! Los demás: sálvese quien pueda. Salta a la vista que la enagua y el bote salvavidas son el anverso y el reverso de la misma visión religiosa y primitiva de la realidad: los malos no hacen sino maldad, se pongan como se pongan; de los buenos nada malo puede predicarse, so pena de incurrir en discriminación, machismo, homofobia o en general anatema. Como decía alguien, nuestra verdadera patria es la Edad Media.